
Los villanos son imprescindibles para convertir cualquier historia en una lucha épica, porque con ellos el eje del conflicto adquiere un trasfondo moral en su confrontación con los protagonistas. Aunque los villanos suelen ser pintados como monstruos sin corazón, en ocasiones ocurre que prestando atención, podemos llegar a pensar que sus argumentos tienen su punto. ¿Y si en el fondo tienen razón? Tanto en la literatura como en el cine de fantasía, terror y ciencia ficción, muchos antagonistas actúan por razones comprensibles, incluso nobles, y son solo sus métodos los que nos resultan cuestionables.
En el fondo, todo esto no deja de estar tomado de la vida misma. Pongamos el caso de aquel exsoldado y pintor fracasado austríaco que quería mejorar la situación de su nación. Esto que en principio no parece ningún problema, se convirtió en algo mucho más atroz cuando intentó conseguirlo exterminando a todo el que no compartía su raza, credo, orientación sexual o ideología. No sé si me explico.
Puede que la motivación del villano de turno guarde cierta lógica y sea hasta comprensible, pero que tengan razón en algo no significa que sus acciones se justifiquen, ni que sus ideas puedan dar lugar a inaceptables debates dentro de la sociedad.
Muchos de estos antagonistas no son malvados por naturaleza, sino personajes rotos, obsesionados o radicalizados por circunstancias extremas. Si el personaje está bien construido, sus motivaciones deben hacernos preguntarnos si hubiéramos actuado de manera diferente estando en su lugar. Veamos algunos ejemplos de villanos con los que podríamos estar de acuerdo en algún punto, si es que todo depende del cristal con el que se mire.
El Conde Drácula (Drácula, de Bram Stoker)
Motivación: Drácula no siempre fue el monstruo con poderes sobrenaturales que conocemos. Antes de eso, tuvo una existencia como hombre; un noble poderoso y audaz que luchó por la defensa de su patria y su estirpe. Su vida cambió de forma dramática al verse condenado a la inmortalidad vampírica, pero su maldición no fue algo elegido: la sed de sangre, la incapacidad de caminar bajo el sol y la eternidad solitaria le llegaron como algo sobrevenido e irrenunciable.
¿Tenía razón? Muchas adaptaciones coinciden en retratar al conde como un hombre que cometió el mayor de los sacrificios al entregar su propia vida tratando de proteger a su familia. Es decir, Drácula se convierte en vampiro por amor a los suyos. Pero, a pesar de perder su humanidad, el motor de sus actos es la búsqueda por escapar de su existencia triste y solitaria. Drácula es un personaje profundamente trágico que, en realidad, anhela escapar de su condena, recuperar el amor perdido y que en algunas versiones, trata de redimirse. Pero (aquí está el problema), Drácula no puede apartarse de su nueva y terrible condición que lo lleva a tratar de arrastrar a otros seres humanos hacia su misma condición.
Veredicto: su sufrimiento es real y quizá tenía razón en rebelarse contra su destino, pero su solución de convertir a otros en monstruos lo convierte en un villano, que causa dolor y condena a inocentes a compartir su misma pesadilla. Es posible que su naturaleza no sea intrínsecamente malvada, pero muchas de sus acciones no son justas. Si algo nos resulta aterrador en su figura es la manera en la que nos arroja ante algunos de nuestros propios miedos: la soledad, la pérdida, el miedo al otro, o la poderosa tentación de dejarnos llevar por nuestros peores instintos y hacer daño a quienes nos rodean cuando la vida nos ha hecho sufrir de manera injusta.
Annie Wilkes (Misery, Stephen King)
Motivación: definitivamente, Annie Wilkes no es un monstruo. En su mente distorsionada, ella es una cuidadora, una enfermera devota a la que le gustaría corregir los «errores» del mundo. Errores como el cometido por Paul Sheldon, el escritor con el que está obsesionada. Para Annie, Misery no es solo una serie de novelas, sino una verdad sagrada. ¿Cómo pudo Paul «asesinar” a su personaje favorito? Eso es una traición a la historia y a la moral misma. Así que, cuando Annie secuestra a Paul para obligarle a escribir un final alternativo de la historia, está cometiendo un acto noble que nace del deseo de preservar el arte en toda su pureza. No, Annie no es ningún monstruo y la violencia con la que trata a Paul no es crueldad gratuita, es un castigo justo por romper las reglas y no hacer lo correcto.
¿Tenía razón? Bueno… creo que a mucha gente no le gustaría leerse toda una saga y que su personaje favorito muera al llegar al final de la historia. Es normal que deseemos que quede abierta la posibilidad de que nuestro prota vuelva a cobrar vida en otra ocasión. Annie llevó su pasión más allá. Para ella, el arte se supone que debe ser «correcto» y las historias deben tener un orden natural; desviarse de él es pecado. Paul falló en su responsabilidad como creador, siendo un dios negligente que defrauda a sus fieles (como ella). El fervor de Annie por Misery es tan intenso que cualquier acción en su nombre le parece justificable.
Veredicto: la tragedia de Annie es que confunde el amor con la posesión. No solo quería que Paul creara; quería que la obedeciera. Sus «cuidados» se resumen en una continua tortura, supuestamente destinada a ayudarlo a escribir mejor. Pero, mientras exigía fidelidad a Misery, ella misma reescribía la realidad (como su pasado criminal). Annie Wilkes no es un demonio, es una fanática trastornada y su terror no radica en su sadismo, sino en su convicción absoluta de que tiene derecho a controlar.
Tyler Durden (El Club de la lucha, Chuck Palahniuk)
Motivación: Tyler Durden, el carismático y anárquico personaje de El club de la lucha, tiene una visión radical y crítica de la sociedad moderna. Rechaza el consumismo y la esclavitud material, y resume este pensamiento en frases demoledoras como «Las cosas que posees terminan poseyéndote” o «Trabajamos en empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos». Las personas sacrifican su libertad y una vida auténtica por un falso sentido de éxito. «Solo después de perderlo todo eres libre para hacer cualquier cosa». Vamos, que Durden es un nihilista de cuidado que promueve la destrucción de propiedades, normas sociales e incluso la propia identidad como camino hacia la libertad, rechazando el individualismo. Piensa que la masculinidad actual está domesticada y convierte a los hombres en seres pasivos y obedientes. Los combates del club serían una forma de recuperar la virilidad a través del sufrimiento físico y la confrontación, una preparación para la necesaria revolución social.
¿Tenía Razón? Muchos de sus discursos sobre la alienación moderna son válidos y acierta al desnudar algunos de los mayores conflictos que afronta la sociedad de nuestro tiempo. Tyler Durden es una crítica a las respuestas extremas al vacío existencial. La sociedad actual apesta y Durden se encarga de recordarnos que estamos dormidos y nos falta valor para cambiar las cosas, incluida nuestra propia rutinaria y deprimente existencia.
Veredicto: sus razones parecen realmente acertadas; es más, opino que tiene toda la razón, pero su solución era demasiado caótica y violenta. Es fácil dejarse seducir por un discurso tan certero y bien armado. El problema es que, con su culto anárquico, llevó los “espacios seguros” del club de la lucha hacia la dogmatización y, finalmente, hacia la autodestrucción. Destrozarse la vida a una mismo no parece la mejor manera de cambiar la sociedad.
La Bruja del Oeste (El Mago de Oz, L. Frank Baum)
Motivación: todos conocemos, en mayor o menor grado, la historia de Dorothy, la tierna y simpática protagonista de El Mago de Oz. Nos puede caer bien el personaje, la niña indefensa perdida en un mundo que no es el suyo, pero no debemos pasar por alto que la criatura mató a la Bruja del Este. Vale, sí, fue solo un accidente al caerse sobre ella, pero es que luego le roba los zapatos de rubí (en realidad son plateados en la historia original) que habían pertenecido a la bruja. No es de extrañar que la Bruja del Oeste esté un tanto furiosa con el asunto y que quiera recuperar los zapatos que habían pertenecido a su hermana y, de paso, intente vengarse de la niñita entrometida.
¿Tenía Razón? A ver, técnicamente, Dorothy era una intrusa que asesinó y robó la propiedad de una difunta. La Bruja solo buscaba justicia… de una manera aterradora, eso sí. Hay que considerar también que los zapatos tenían un poder inmenso que la Bruja del Oeste reclamaba para sí como legítima propietaria. Este detalle no se suele exponer en las películas, pero en el libro de Frank Baum se explica que los zapatos son la clave para poder dominar Oz.
Veredicto: la bruja está obsesionada con los zapatos y, probablemente, sus intenciones no serían buenas de haberlos conseguido, pero no se le puede reprochar que reclame lo que por derecho le pertenece. Podemos entender las reclamaciones de la bruja, pero más difícil resulta compartir sus métodos tan terroríficos. Mientras el mago resulta ser un estafador de tres al cuarto y Dorothy una lianta de cuidado con buena fe, la Bruja del Oeste es la verdadera villana de esta historia.
Sauron (El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien)
Motivación: hay villanos que son el caos personificado, que destruyen por simple y puro placer, pero el caso de Sauron es muy diferente. Resulta que el tipo no soportaba el descontrol que veía extenderse sobre la Tierra Media, provocando la decadencia de las razas libres. Sauron concluye que hay que utilizar mano dura e imponer un orden absoluto. Pretende unificar a todas las razas de la Tierra Media bajo un único dominio (el suyo), eliminando las divisiones y conflictos entre elfos, humanos y enanos. En su mente la idea funciona de maravilla: mediante su control llegaría la paz y se acabarían las disputas entre reinos, habría más eficiencia en el gobierno y se eliminaría la corrupción. Es más, las razas «inferiores» (como los humanos) progresarían guiadas por un ser superior (él mismo).
¿Tenía Razón? Es cierto que la Tierra Media ya estaba en declive: los elfos abandonaban el mundo, los reinos humanos se debilitaban, y las amenazas como orcos o criaturas malignas proliferaban sin control. Desde su perspectiva, las guerras entre elfos, enanos y hombres demostraban que se necesitaba un poder unificador, y Sauron ofrecía una solución radical: un imperio donde nada se desperdiciara y todo tuviera un propósito… bajo su mirada omnipresente.
Veredicto: su diagnóstico del caos era acertado, pero su solución un pelín extremista, autoritaria, violenta… Bajo su régimen no había caos, pero tampoco arte, amor ni libertad individual, solo obediencia ciega. Y para imponerla, el genocidio, la esclavitud o la tortura se utilizan como herramientas perfectamente válidas a la causa, porque el fin siempre justifica los medios, ¿verdad? Y es que las buenas intenciones de Sauron están preñadas de hipocresía: decía buscar el orden, pero su Anillo Único corrompía todo lo que tocaba, incluido él. ¿Vale la pena sacrificar la libertad para evitar el caos? Algunos en la Comarca opinan que no.
Capitán Nemo (Veinte mil leguas de viaje submarino, Julio Verne)
Motivación: no todos los villanos surgen de la maldad innata; algunos nacen a partir de la herida profunda causada por una injusticia. El Capitán Nemo es un genio atormentado, un príncipe indio (originalmente llamado Dakkar) cuya familia fue masacrada por fuerzas coloniales británicas durante el levantamiento de 1857 en la India. Este trauma lo convirtió en un renegado del mundo superficial, al que considera corrupto y opresor. Su motivación es dual: vengar a su pueblo hundiendo barcos de potencias imperialistas y crear un refugio utópico bajo el océano, lejos de la tiranía humana. Para él, el mar representa la libertad absoluta, un reino donde su intelecto y su tecnología (como el Nautilus) le permiten existir sin someterse a nadie.
¿Tenía razón? No se puede negar que el colonialismo del siglo XIX era una máquina de explotación y violencia. Nemo es una representación de la rabia legítima de los oprimidos, un avatar de la lucha contra la avaricia de los estados imperialistas, que saquean tierras y esclavizan pueblos. Hay un idealismo admirable en su idea de construir un espacio autónomo bajo el mar, donde el conocimiento y la ciencia se usan para preservar la vida, no para destruirla. Sin embargo, Nemo está cegado por su venganza: al atacar indiscriminadamente a cualquier barco (aunque sean de algún país opresor), termina asesinando a inocentes. Su paraíso submarino, aunque libre, está construido sobre el aislamiento y la imposibilidad de reconciliación, condenándolo a una existencia solitaria y amargada.
Veredicto: Nemo tiene razón en denunciar la crueldad del imperialismo y en anhelar un mundo sin cadenas, pero su método es tan destructivo como aquello que odia. Al convertirse en juez, jurado y verdugo, replica la violencia que lo traumatizó, perpetuando un ciclo de dolor. Su genialidad técnica y su amor por el mar contrastan con su incapacidad para sanar internamente: en vez de construir puentes, elige hundirlos. ¿Se puede luchar contra la tiranía convirtiéndose a la vez en un tirano de las profundidades? Hasta las causas más nobles naufragan si se persiguen con odio.
Profesor Moriarty (Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle)
Motivación: la venganza o la ambición de poder suelen ser las motivaciones detrás de muchos villanos, pero también los hay que obran por el simple placer y la emoción del desafío intelectual. El profesor James Moriarty es un matemático brillante, una mente tan aguda como la de Sherlock Holmes, pero con unos códigos morales un tanto distraídos. Para él, el crimen es un juego de ajedrez a escala global: una forma de demostrar su superioridad sobre un sistema social que considera hipócrita e insignificante. No pretende provocar el caos y la destrucción, sino lograr la perfección de un sistema alternativo: una red criminal organizada con la precisión de una ecuación, donde cada delito (robo, extorsión, incluso asesinato) es un movimiento calculado para probar que las reglas de la sociedad no son más que frágiles ilusiones. Moriarty no odia a la humanidad; solo la desprecia. Y en ese desdén, encuentra placer en exponer su vulnerabilidad.
¿Tenía razón? Es cierto que la sociedad victoriana que critica Moriarty está llena de (digámoslo así) contradicciones: imperios que se declaran civilizados mientras explotan colonias, aristócratas que predican la moral, pero viven en corrupción… Su genio le permite ver estas fisuras y explotarlas, convirtiéndose en una araña que teje su tela en las sombras. Además, su argumento de que las leyes son arbitrarias (y que un intelecto superior como el suyo puede trascenderlas) es el reflejo de una época donde el progreso científico empezaba a cuestionar los viejos dogmas. Sin embargo, su «sistema» no busca mejorar el mundo, sino satisfacer su ego: sus crímenes no liberan, solo generan caos y sufrimiento. Para Moriarty, las personas solo son peones, no seres con valor intrínseco.
Veredicto: Moriarty deja en evidencia al sistema señalando las falacias del orden establecido, pero su solución es una trampa. Reduciendo la existencia a un simple juego de ingenio, niega los valores humanos: la compasión, la justicia real o la posibilidad de redención. Pretende levantar un imperio del crimen, pero solo deja vacío a su paso; no construye, solo corrompe. Moriarty es el espejo oscuro de Holmes, una muestra de que la inteligencia sin ética es un arma peligrosa… Usar una inteligencia privilegiada para demostrar que las reglas son absurdas, cuando el precio a pagar es la destrucción de vidas inocentes, es una contradicción absurda para un genio, aunque se trate de un genio del crimen.
Xenomorfo (Alien, Ridley Scott)
Motivación: la tripulación de la Nostromo se adentra en un territorio desconocido (la luna LV-426), activando una señal de alerta. Sin saberlo, perturba un ecosistema alienígena. Para el xenomorfo, los humanos son intrusos que perturban su ciclo natural. La Weyland-Yutani (la corporación detrás de las misiones de la Nostromo) quiere explotar al xenomorfo como arma biológica. ¿Son los humanos depredadores tecnológicos que amenazan su existencia?
¿Tenía razón? aunque en la película original de Alien no vemos al xenomorfo como una madre, podría estar actuando bajo un impulso biológico de preservar su especie, usando a los humanos como «anfitriones» necesarios para su reproducción (similar a cómo algunas avispas parasitarias usan otros insectos). Esta idea se desprende de películas posteriores de la saga. En Aliens (1986) es representada como una figura claramente maternal, protegiendo sus huevos y coordinando a los drones para defender el nido. Incluso en Alien: Covenant (2017), el «Neomorfo» muestra comportamientos protectores hacia sus crías.
Veredicto: el xenomorfo no mata por sadismo, sino por necesidad biológica: los «huevos» requieren un huésped, los «pechoestalladores» necesitan crecer, y los adultos defienden el nido. Es una lógica ecológica, no malvada. En Aliens, la Reina lucha ferozmente cuando Ripley destruye sus huevos, un acto que sería un infanticidio. En la Tierra, muchos animales, como arañas o mantis religiosas, sacrifican a otros para alimentar a sus crías. El xenomorfo sigue una lógica evolutiva diferente, pero no tiene un comportamiento muy distinto, solo es un organismo realmente eficiente en su nicho. ¿Puede calificarse por ello de monstruo? Sin embargo, es cierto que este comportamiento instintivo no está acompañado de un afecto visible por su descendencia. Además, su método de reproducción es extremadamente letal para los humanos y cuesta verlo como un mero acto de supervivencia. Aún así, podemos encontrar muchos casos similares en el reino animal.
Por razones equivocadas
Benditos villanos y sus motivaciones, esenciales para aportar profundidad y aumentar el interés de una obra. Al entender sus razones, se obtiene una mayor complejidad narrativa: un villano con motivaciones creíbles deja de ser solo un «obstáculo» a salvar para el protagonista y se convierte en un personaje multidimensional. Nos ahorramos así los estereotipos, y el conflicto central se vuelve más interesante.
Las motivaciones humanizan al antagonista y nos hacen entender que las acciones dañinas no siempre son actos de pura maldad, sino que surgen de traumas, ideologías o deseos comprensibles (como venganza, ambición o miedo) que todos podemos llevar a cuestas.
Plantear, además, motivaciones ambiguas nos hace reconsiderar algunos prejuicios (casi todos arrastramos los nuestros) y nos aleja del planteamiento casi siempre irreal de una lucha entre buenos y malos. Si, por ejemplo, un villano busca justicia, aunque sea por medios extremos, podemos llegar a entenderlo, aunque no compartamos las consecuencias.
Sus motivaciones se suelen vincular con temáticas universales (corrupción del poder, soledad, desigualdad), ideas complejas a menudo se filtran desde una trama más superficial. Además, un villano bien motivado resalta las virtudes o defectos del héroe, hace que su enfrentamiento importe y se convierta en algo simbólico. El villano no deja de ser una personificación de algunos conflictos humanos y sociales, cuya presencia eleva la obra de una simple confrontación a algo más emocionante y relevante. Benditos villanos.
Un artículo de Alberto de Prado

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