
Autor: Grady Hendrix
Editorial: Minotauro – Planeta de Libros
Género: terror y rock
Extensión: 344 páginas
RITUAL
Leer a Grady Hendrix es pavorosamente divertido. Sé que hay polémica por las traducciones y correcciones (mucha, y la entiendo), pero a la hora de la verdad se disfrutan sus tramas, porque son delirantes, intensas, freaks. Y es que parece que el autor va saltando de tropo en tropo del género del terror, desafiándose a sí mismo para aportar un poco más de sentido del humor y un mucho más de brutalidad a cada uno de ellos, en este caso, la venta de almas y la relación intrínseca del rock con lo demoníaco. Además de siempre incidir en la mordaz crítica de la sociedad contemporánea y sus costumbres asimiladas, por nocivas que sean. Profundicemos.
Kris Pulaski era y es música, guitarrista, rockera. Vive y morirá con ello dentro. Y su trabajo actual de gerente cutre no apaga la llama de la ansiedad, pese a que ya no toca, por imposición propia. Lo tuvo cerca, con su grupo, Dürt Würk, verdadero heavy metal, pero algo sucedió, la tragedia. Algo que no recuerda con exactitud (una noche concreta, maldita), y que la separó del resto de la banda con acritud, mientras su vocalista y supuesto líder, junto al productor, volaron por su cuenta hasta convertirlo en el astro más brillante del universo metalero. Con influencias en la cultura, siendo casi un mesías de masas. Ahora, ese ídolo, Terry Hunt, El Rey Ciego, junto a su grupo Koffin, llegan para la gira de despedida tras un largo silencio. Y las marabuntas se revuelven desfilando al festival de rock definitivo que dejará Woodstock en una acampada de amigos. Kris sabe que algo va mal, que la noche de la separación, de la firma de los contratos que cambiarían su vida, trocó la realidad, no solo la suya, la de todos. Y que ese evento está relacionado con el disco prohibido Troglodite, y la Montaña de Hierro Negro, su creación mística musical. Así que Kris se lanza a la aventura para contactar con sus ex compañeros y reclamar al Rey Ciego lo que es justo, en una road movie delirante llena de buena música y pésimas intenciones hasta el Hellstock 2019, el emplazamiento del fin del mundo tal y como lo conocemos.
La novela es un divertimento. Kris, un personaje completo, emotivo, rebelde, quiere recuperar su juventud, aquello que le fue sustraído y que forjó con su talento y el de sus compañeros en exilio. Evidentemente, es la paria de ese grupo quebrado, alineados cada cual con el bando que más les conviene. Ya arrancando se desliza un trasfondo más oscuro que la rivalidad musical y el trepalismo, y deja a las claras que la crítica social será rotunda. Las muertes llegan justo después, junto con el tono conspiranoico (actual), de algo que vigila y controla todo lo que somos y hacemos, que nos reclama, que va a emerger o retornar a nuestro mundo presente por medio de canalizadores y aprovechando nuestra mansedumbre. Y Kris, día a día, kilómetro a kilómetro, lucha contra todo ello, la humanidad de enemiga excepto contadas y brillantes excepciones. Aun así, tú y yo sabemos que terminará por confrontar a su némesis, Terry Hunt, en un desenlace épico durante ese festival de rock y sangre ritualista con casi medio millón de almas a disposición de la Montaña de Hierro Negro. El bien contra el mal, o el mal menor contra el mal mayor, quién sabe, queda en tu mano decidir.
Claves, como la trama, quizá algo larga, con sus picos y valles, donde parece que la protagonista no alberga la más nimia opción de éxito por las dificultades presentadas, lo que rompe la verosimilitud, aunque creando esas ventanas de oportunidad para que continúe avanzando herida, molida, determinada. Hila bien esa rabia rockera, los componentes diabólicos, y ese poso de algo grande, terrible, absoluto, que aguarda el sacrifico correcto.
La protagonista se come la novela, Kris lo supone todo, con muy buenas recreaciones del resto del ex grupo (y los vínculos positivos y negativos entre los mismos), sobre todo esa figura en lo alto y a la vez en la sombra que deviene en Rey Ciego, fenómeno de masas. Y una chica joven, en el último tercio de la novela, que nos representa, que sería como nos sentiríamos en tamaña inmensidad macabra cuando solo deseaban música y una experiencia, y la humanidad muestra su rostro escondido.
La atmósfera viene con las letras de Troglodite. Lo son todo, esa Montaña, la paranoia, la conspiración, el saber que todos y todas van tras de ti. Claustrofobia persecutiva. Eso es la atmósfera, eso, y la banda sonora que no puedes dejar de escuchar mientras lees.
El desenlace, en el Hellstock, más brusco que brutal, casi amable viendo el desarrollo del manuscrito. Para después volver a la calma y hacernos comprender qué consecuencias ha tenido años después. No lo esperado, pero sí lo que anhelaba el escritor.
Resumiendo. Me gustaron más otras obras de Hendrix como El exorcismo de mi mejor amiga o Cómo vender una casa encantada. Contienen más humor, más sorpresa, que no virulencia, y, sobre todo, llegan más al lector(a). Aquí se explaya en estos mundos del heavy que no serán del gusto comunal (cafetero), como el mismo autor, al que parece que se ama o se odia. No entiendo tal necesidad. Es un tipo con un mundo interior que quiere ver la existencia arder, y lo expresa en todas sus obras, aquí con más amargura y hastío por la vergonzante humanidad. Tonos de oscuridades. A no ser que tenga un gran desliz de aquí al futuro, me gustan sus propuestas. Recomendaría empezar por otra de sus publicaciones, pero, sobre todo si te presupones rockero o rockera, no te decepcionará, y siempre supone un periplo interesante.
Pd: siempre más Hendrix, siempre más divertimento de terror que no se quede solo en eso, leamos entre líneas.
Una reseña de Román Sanz Mouta

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten.
También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

