
Autor: David Luna Lorenzo
Editorial: Dilatando Mentes
Género: terror vampírico
Extensión: 224 páginas
“Sin Mal no hay Bien, y sin Bien no hay lógica, ni paz, ni sentido. No hay nada. El Demonio no vive en las rectas, sino en las curvas, en los recovecos, en las esquinas, en los rincones, en las grietas, en las putas arrugas de tu cara. No, no hay recta, y mucho menos final”
El mal no es lo contrario al bien, sino su reflejo distorsionado. En toda criatura tocada por la oscuridad subsiste, como una herida mal cerrada, el recuerdo borroso de la posible bondad y, en ocasiones, es eso lo que impide que algunos seres se entreguen totalmente a las tinieblas. De hecho, puede que la verdadera tragedia del monstruo no radique en vivir siendo rehén de sus instintos, sino en hacerlo con la sospecha, terrible e insoportable, de que no hay redención posible. O, lo que es peor, con la certeza de tener que asumir que su naturaleza es consecuencia de sus propias debilidades. Aunque, ¿qué capacidad de decisión puede tener un hombre cuando el mal lo parasita?
David Luna explora aquí la coexistencia del bien y el mal. Su protagonista, siervo de una voluntad superior, no lucha en cuerpo y alma contra la malignidad, sino que la analiza y juzga con la poca conciencia que aún palpita bajo su obediencia ciega. Encarna, por ello, una paradoja brutal: la del que ejecuta el mal, pero también lo percibe, lo sufre y lo duda.
Con esa doble mirada, el autor toledano convierte a su narrador en un Renfield dostoievskiano, siempre atrapado entre el anhelo y la condena, e inyecta sangre fresca a un género, el vampírico, muy debilitado por sus últimas tendencias tan lánguidas, cómicas y huecas. De hecho, Luna escoge meticulosamente qué aspectos del mito conservar y cuáles sacrificar. Consigue, apoyándose en una prosa medida, hipnótica y salpicada de resignación, que sintamos las consecuencias de la inmortalidad, la sed y la oscuridad. No concede espacio al romanticismo vacuo, al consuelo indulgente ni al adorno. Logra lo imposible: nos devuelve a las raíces del TERROR.
Pero la fuerza de la novela no solo se apoya en lo conceptual y lo estilístico: las descripciones de algunas ciudades, todas reales y que en un momento dado pueden parecer excesivamente largas, no sirven únicamente de decorado. Toledo y Madrid se oponen y se complementan, simbolizando la lucha interna del protagonista: una ciudad vieja, cargada de historia y significado, pero demasiado vinculada con el pasado. La otra viva, cambiante, ebria de presente y excesivamente confiada en el futuro. De igual modo, los saltos temporales que nos ayudan a conocer en profundidad al narrador y a su amo, forman una espiral que te atrapa y te conduce a su centro donde eres despedazado por la hélice que la ha creado.
Tú, Diablo es una fábula tenebrosa sobre la esclavitud del alma. Una obra que te obliga a dialogar en primera persona con la oscuridad. Una de las mejores novelas de su autor y un sanguinario alimento para quienes disfrutamos degustando buena literatura de terror.
Una reseña de David M. Hefesto

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David tiene un toque especial. Muy buen análisis.