
Autor: Artur Laperla
Editorial: Bang
Género: Novela gráfica, adaptación de Conan Doyle
Extensión: 80 páginas
RITUAL
Es muy difícil que, a estas alturas de su existencia literaria (o quizás real), nos sorprendan con una nueva historia de Sherlock Holmes (que no es nueva, tuve que indagar en archivos y memorias), ya que se sale un poco de lo convencional, en parte por el argumento y en parte por el formato que nos ofrecen Bang y su autor, Artur Laperla.
Concretemos. A Sherlock se le ofrece el caso del profesor Pressbury, quien ha cambiado no solo su comportamiento, sino que muestra extrañas actitudes nocturnas que corresponden más a un animal. Esto viene de la mano del inocente señor Trevor Bennet, ayudante del profesor y comprometido con la hija de este; la voz de la preocupación. Sherlock, intrigado, acepta el caso e involucra, por supuesto, al su fiel Watson. Ambos, más desde la distancia que in situ dentro de la casa del profesor, se disponen a solucionar el problema que amenaza la reputación de la familia, la salud del profesor y la misma convivencia.
Tenemos un Sherlock provocador, irónico, más de lo habitual y, sobre todo, divertido. Tanto en sus deducciones —que comparte o no con el fiel doctor— como en sus charlas, sobre todo incitando a la furia al profesor Pressbury para acelerar los acontecimientos, que dejan una reflexión profunda acerca del carácter humano y la antropología involutiva o evolutiva.
Y todo esto, que fluye a más ritmo del normal en cada obra de Sherlock, —siempre pausado pero decidido, siempre priorizando la psique sobre todo lo demás—, viene del dibujo cuasi caricaturesco de Laperla. Pocas son las escenas de Holmes donde no lo descubrimos con una sonrisa progresiva, una sonrisa que desentraña el caso y confunde a propios y ajenos, una sonrisa que se nos contagia mostrando otra cara del detective más famoso del mundo.
Como digo, el dibujo pueda asemejarse simple o infantil, pero son sus colores, sus redondeces exageradas, su contundencia y sus matices los que nos acercan más al querido investigador. En una obra que, además, engancha por igual a acólitos o novicios en su larga carrera, a jóvenes y veteranos. Excelente.
Una novela gráfica corta que enamora y suma en la peculiar historia de Sherlock Holmes, que poca veces se ha disfrutado tan entretenido, incluso parece pasarlo mejor que nosotros leyendo.
Recomendable no, mucho más que eso. Así que acercaos a la aventura del hombre que se arrastraba, sin miedos y con complicidad. Recogeréis un merecido premio.
Pd: ¿Usted cree, Holmes, que el señor Laperla ilustrará más de nuestras historias?
Elemental, querido Watson, no me cabe duda alguna.
Una reseña de Román Sanz Mouta

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