La Corona del Oráculo I

Autor: Carlos di Urarte
Editorial: Transbordador
Género: fantasía oscura, grimdark
Extensión: 325 páginas
La fe puede ser refugio o condena. Las religiones nos arrastran como el oleaje. Prometen vida hasta que nos atrapan y nos ahogan. Prometen redención mientras consiguen que la culpa se adhiera a nuestra piel como el salitre y dictan sentencias que nos marcan a fuego. Hubo un tiempo en que las brasas de la tortura iluminaban estancias donde lo sagrado y lo atroz se confundían, donde la violencia se disfrazaba de liturgia y la esperanza quedaba reducida a un rescoldo entre cenizas.
Esta primera entrega de La Corona del Oráculo respira un aire de humedad y hollín. Ambientada en una geografía costera que parece corroerlo todo, desde las casas hasta las conciencias, nos traslada a un mundo medieval que huele a misa, a sal y a pecado. A un pasado que recuerda al nuestro, pero transfigurado por lo mítico y lo fantástico, haciéndonos entender la brujería como una magia liberadora y absolutamente necesaria.
La novela arranca con la confesión de Leo Vicar, un condenado a muerte cuya adolescencia se vio marcada por la culpa, un amor hiriente y una maldición íntima que nunca dejó de supurar. El tono de la obra es maravillosamente oscuro. Carlos Di Urarte consigue, con una prosa equilibrada entre la crudeza de la confesión y numerosos destellos de lirismo, mostrar cómo cada decisión hunde un poco más a su protagonista. La violencia y el sexo no buscan alimentar la morbosidad del lector, sino revelar la humanidad (en su mejor y peor sentido) de los personajes. Y, aunque en algunos pasajes la densidad del trasfondo ralentiza el ritmo, logra construir un universo propio, enraizado en nuestra costa atlántica y sostenido por un imaginario que entrelaza lo religioso con lo pagano.
Salitre y Cenizas es una obra imprescindible dentro del fantástico español actual, un canto contra la intolerancia y una feroz crítica hacia quienes cometieron (o cometen) barbaridades en nombre de su dios. La novela, contundente y original, sirve de prólogo a más maravillas y padecimientos, y su desenlace provoca otra maldición, la que el lector profiere contra autor y editor por ejercer la tortura que supone tener que esperar para devorar la siguiente entrega de la trilogía.
¿Te atreves a visitar la prisión de El Cabracho?
Una reseña de David M. Hefesto

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