
Autor: Thomas Olde Heuvet
Editorial: Nocturna Ediciones
Género: Terror abisal
Extensión: 512 páginas
RITUAL
Estoy ante una de las novelas con el mejor arranque que he podido disfrutar en los últimos tiempos, pues te sorprende, te obsesiona y te absorbe, aunque luego pueda bajar el ritmo (que en su primera parte no lo hace),o mezclar demasiadas tramas cuando lo único que te interesa es ese barco. Se lo reconozco al señor Heuvet: me cautivan sus obras, sus ideas, sus inicios; tengo más problema con los desenlaces, pero sobre dicho trasunto trataremos al final, cual corresponde. Baste decir que he leído embobado, impregnado de mar y horror por los sucesos desencadenados, por el comportamiento humano, y padeciendo debido al verdadero protagonista, Luca, el pequeño Luca, alfa y omega del manuscrito. Vamos a la sinopsis y profundicemos.
Luca y su amiga Emma, de trece años, van en bicicleta al colegio de temprana alba cuando pasan por un lugar, “el fin de todo hombre” (los nombres de la zona son maravillosos) y, entre una niebla anómala, encuentran en la granja de una vieja pareja un barco antiguo allí trasladado más allá de la playa y las dunas que los separan de la mar. Ese navío, el Oráculo, abre su escotilla y se traga a todo el que entra, con los gritos de las víctimas, que ya no reaparecen. Luca se salva por pura prudencia; su amiga, su padre y el padre de Emma, algún vecino y varios policías, no. A partir de ahí, el servicio secreto holandés toma los mandos y recluye a los implicados, continuando una investigación turbia y manipulando la información de prensa y redes. Para ello contactan con un hombre experto en lo imposible y que se enfrentó, con traumática derrota, a un evento similar en Estados Unidos, en el bosque de Black Rock: Robert Grim (Hex). Desde aquí, con conspiraciones, alianzas entre sociedades seudo secretas y la persecución de Luca, nos vemos arrastrados a los efectos del Oráculo y su digestión y digresión, las cuales vienen de muy lejos, y no solo en el tiempo…
La clave es Luca. Su añoranza por Emma, amor y mejor amiga, su comportamiento rebelde, cómo echa de menos a su padre, cómo cuida a su madre y hermana pequeña, cómo trata de superarlo con otra amiga y vuelve a encontrarse envuelto en el meollo debido a su obstinación, convertido en protagonista absoluto junto con el navío maldito. Y eso es pro y contra: lo primero, por la empatía y la inocencia, ese amor puro y esas ganas de descubrir la verdad; y lo segundo, a causa de la poca credibilidad, en algunos momentos, de los actos del pequeño, superando obstáculos improbables. El asunto es comprar o no esa premisa. Para mí, con sus defectos, funciona.
La acción y las visiones resultan muy visuales, gráficas sin excesos, magnificentes cuando requiere la ocasión.
El arranque del final, como en anteriores novelas, y debido a la magnitud de la expectación generada por las varias y variadas tramas y eras, queda flojo en comparación con el concepto de la novela, su idea germinal. Además, uno de los eventos más importantes deviene mínimo y, si apareciere más, ganaría profundidad ese desenlace, en opinión personal.
El argumento confluye entre ese presente del barco que traga personas, el servicio secreto y sus conspiraciones, y el niño e investigador que luchan a favor y en contra, junto con algo mucho más místico y más arcaico que se ha ido repitiendo a lo largo de ciclos con cadencia regular: una calamidad evitable si el hombre es capaz de creer y sacrificar. Complejo. Y va derivando, a medida que se funden las líneas argumentales, en algo más ritual, complejo (aborda también moralidad, ética, religión), un enfrentamiento de entidades mayores que nos usan como piezas en sus batallas.
Con respecto a los personajes, Luca brilla. Safiya se roba cada plano en que participa. Los malvadísimos y malvadísimas sin emociones (quizá demasiado) enfadan, los padres y familiares cumplen su triste papel. Pero quedaos con los dos primeros y con el ya conocido doctor Grim.
La atmósfera, como digo, debido a lo fino de sus descripciones, te hace contemplar ese barco y sus perversidades al servicio de un mal mayor, algo que supone solo el inicio. Después, todo torna en acción hasta que, al final, en visiones, mutando el escenario y en desenlace de fábula onírica, recupera esa sensación cinematográfica de improbable.
El estilo es reconocible del autor, ya clásico con tres novelas, porque aspira (y esto lo critico en otros y otras, la falta de ambición y los desastres menores) a una catástrofe mayor, absoluta, que todo lo abarque, sumando historias y tramas del antes y el ahora.
Sobre el desenlace, sin desvelar un ápice, brilla más Heuvet en el planteamiento que en sus conclusiones, aunque los clímax resulten demoledores.
Finiquitando. Un manuscrito largo, intenso, rítmico, con varias fases y mucho protagonismo del país de origen del autor donde se plasma la trama, Holanda. Se lee suave, se asimila, pero necesita de un pacto de verisimilitud con el lector(a) para cumplir todos sus objetivos, sin dejar de resultar una lectura tan atractiva como interesante dentro del género, aunque suponga mucho más (horror, onírico, místico, thriller…). Si te gustaron las dos anteriores, aquí encontrarás más de lo que buscas, con novedades y evolución positivas. Dale.
Pd: se añade un guiño y una segunda conclusión a Hex, su novela primigenia, explicado por Heuvet en sus líneas finales a título personal, acerca del Doctor Grim. ¿Necesario? ¿Por qué no? Me gustan los multiversos de las novelas, y esos vínculos entre obras enriquecen y, además, abren camino a nuevas historias.
Una reseña de Román Sanz Mouta

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