
Seguramente Kanao querrá dormir esta noche. Ya lleva cuatro días en vela y ni siquiera los estimulantes, que se inyecta de forma periódica a través del regulador anímico de su sistema híbrido, son suficientes para mantenerlo despierto.
Él se dedica a crear mundos y, a veces, adopta los nuevos biorritmos de aquellos lugares en los que reside su psique. Su cuerpo físico permanece despierto, pero el cerebro debe dormir. Solo que, el de Kanao, no se dormía. Y estaba cansado. La creación de mundos VR es casi como hacer magia. Extiende las manos y surgen de él corrientes de datos en bruto que toman la forma adecuada. Unos retoques aquí, otros allá y una porción más del multiverso digital más grande del mundo ya está lista para ser ocupada por un módico precio.
Kanao lleva ya mucho tiempo haciendo esto y sabe cuándo se está excediendo. Dentro de pocos minutos, en uno de los biomas que está terminando, creará una noche de ocho horas estándar. Esa sería su ventana de descanso; después, una jornada más y podría salir de la red neuronal. La creación exige mucho y su cuerpo lo acusaría de inmediato. El conjunto de sondas y maquinaria médica que cuida su “yo” físico, apenas tiene sustento inyectado en el reservorio de su cuerpo real para una jornada más.
Crea una cama en apenas unos instantes. Su cerebro tiene que creer que duerme. La noche se programa a su hora exacta y los trillones de píxeles que forman el cielo se oscurecen de forma paulatina hasta teñir el firmamento digital con una falsa sensación nocturna. Se acomoda la ropa, se mete en la cama, da orden de suspensión a la maquinaria médica y procede a darle a su cerebro el descanso que tanto necesita antes de que colapse por exceso de estimulantes.
Un picosegundo basta para el cambio de horario, suficiente para que su cerebro obtuviese el descanso equivalente a varias horas. Pero no está siendo así. Se nota pesado. Sus sinapsis apenas funcionan a un cuarenta y ocho por ciento de su capacidad máxima. La recuperación de sus funciones cognitivas y desintoxicantes de la estimulación externa ni siquiera han empezado. Kanao, confundido, mira a su alrededor. ¿Se debe a un fallo en la creación de los ciclos? Con enfado y agotamiento, se dispone a arreglar el problema para poder otorgar a su córtex el descanso merecido.
Una consola de comandos flota a la altura de sus ojos y la IA asistente realiza una búsqueda de todos los componentes de la nueva estancia. Los archivos están cerrados, excepto uno. Él. En este punto siento su frustración, tendrá que abandonar el espacio creado sin una copia de respaldo y la posibilidad de perder sus avances son altas. Perder tanto tiempo y esfuerzo es como lanzar barro al lienzo de un pintor. Sé que maldice. Y también sé que intenta desconectarse del entorno virtual y no lo logra.
Rebusca entre los manifiestos de objetos y el software de creación tratando de encontrar el conflicto entre él mismo y algún otro archivo. No hay nada. Oculta todo lo que existe en el espacio menos él. Un enorme teseracto virtual vacío le devuelve la mirada. Ejecuta de nuevo un listado. Kanao.me en ejecución. Intenta una desconexión automática, una manual y, tras dos fracasos, una programada. Nada funciona.
No es posible cerrar el archivo; está en uso.
Mira el temporizador de salida. El tiempo máximo de estancia en ese entorno virtual, antes de que su recipiente físico comience una fase de deterioro cognitivo, ya es escaso. Además empezará a presentar problemas de inanición en unas pocas horas. Reanuda las dosis de estimulantes e inyecta un cóctel de emergencia en su yo real para elevar su rendimiento cognitivo hasta un límite insano. Su nerviosismo está creciendo, nunca ha perdido el control del entorno de esa manera y, si pudiera sudar, seguro que estaría empapado. Las constantes de su cuerpo real se alteran y generan sacudidas en su avatar virtual. Proyecta sobre el vacío del escenario una enorme cantidad de código fuente. Y su arrepentimiento es inmediato: hay trillones de líneas de código y llamadas a otros archivos asociados con aún más líneas. Es imposible leerlo todo.
Otro intento. Materializa de nuevo los objetos y programa el próximo ciclo de noche con un apagado forzado de su propia presencia, Kanao.me, cuando la oscuridad comience. Esta vez está de pie, la sensación de caída ayudará a su cerebro a volver a su cuerpo en un intento de protegerse del golpe. Todo se funde a negro y la sensación de descender a toda velocidad comienza.
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El impacto virtual lo acusa su cerebro, su carcasa terrenal está vomitando. La desorientación llega al plano digital. La pérdida de perspectiva y equilibrio afecta a todo lo que hay a su alrededor. Cae a un suelo que no existe. Se disocia. Busca un cable de alimentación que existe en otro lugar, unas manos que no son reales intentan romper una barrera que no está ahí. Su avatar titila con un espasmo. Una alarma se materializa sobre todas las demás capas de trabajo. El tiempo máximo de exposición ha terminado.
Llora enrabietado, golpea elementos compuestos de píxeles, descarga su rabia contra lo irreal mientras intenta de nuevo todas las formas de desconexión posibles.
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Limita el entorno hasta hacerlo pequeño, acerca sus paredes, proyecta el código sobre ellas. Busca una salida como lo haría un presidiario de tiempos pretéritos: limando los barrotes de una ventana. Destruye los enlaces como pequeños puntos de una tejedora antigua y desmorona secciones de programación que deshacen la pared. Más allá, solo el vacío del nodo al que está conectado. Demasiada información para procesar; no puede hacerlo sin el soporte de una IA para filtrar los datos: podría provocarse un colapso cerebral. No le queda más remedio, cada minuto que pasa aleja las oportunidades de volver. Un tabaleo de códigos inconexos hacen vibrar la estancia. Su cuerpo colapsa. Tiene que salir. Atraviesa los datos a medio derruir de la pared. Salta.
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El fundido a negro le devuelve frente a la pared.
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Invierte la altura y anchura de la estancia, la estira al máximo dentro de su espacio. Se transporta al punto más alejado del suelo. Trata de decirse a sí mismo que no puede morir en un sueño, que su mente le despertará para protegerlo. Toma impulso contra el piso. Velocidad terminal virtual. Impacto inminente.
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Ha sufrido su muerte sin obtener la liberación. Decenas de veces, todas ellas guardadas en algún lugar de su cerebro, todas generando un shock que mata su iniciativa. El sistema lo devuelve al punto central de la estancia una y otra vez. Más parpadeos y temblores. No puede percibirlo, pero su cuerpo se muere. Su mente se muere. Él no siente nada. Se acurruca en el suelo, como un bebé. Esconde la cara con las manos y solloza. Se sabe moribundo, indefenso, impotente… víctima.
Mi lugar real está preparado para una larga estancia. Un avanzado sistema de soporte vital cuida del cuerpo que soy, lo alimenta mediante sondas y mi cerebro cuenta con varios asistentes de apoyo. Quiero disfrutar cada segundo de su desesperación.
Dicen las leyendas antiguas que no puedes dormir si estás despierto dentro del sueño de otra persona. Kanao quiere dormir, pero no puede. No puede dormir porque yo le estoy soñando. No puede dormir porque este espacio era para mí, porque nada más conectarse, mi código se encriptó en el suyo, porque sus privilegios de creador y administrador han sido revocados, porque mi conciencia flota invisible a su alrededor, porque él abandonó nuestro sueño y me dejó sola. Por eso voy a soñarte. Voy a soñarte cada segundo hasta el final, voy a soñarte observando, a través de los monitores de tu casa, cómo te consumes lentamente mientras te apagas y recibes una y otra vez el mismo mensaje.
No es posible cerrar el archivo; está en uso.
Relato nominable al IV Premio Yunque Literario

Pablo De Garay De San Luis (@wizzyspires)
Formado en psicología y criminología por curiosidad, lector voraz y escritor por pasión y librero de profesión. Apasionado de la literatura oriental y la ciencia ficción. Me podéis leer en la revista especializada en videojuegos GTM y en la antología Libélulas Negras III. Algunos de mis relatos han sido radio ficcionados en podcasts de referencia en la narración de historias, como, El vuelo del cometa, Noviembre Nocturno, Los cuentos de la casa de la bruja, Cuentos del bosque oscuro, La torre del Cuervo y Territorio Extrañer.

