
Autor: Jordan Tannahill
Editorial: Capitán Swing
Género: abrumadora novela de extrañeza, conspiración e intimidad
Extensión: 272 páginas
RITUAL
Como digo en el género, la novela de Tannahill me ha abrumado. Antes de llegar a su abrupta conclusión, la única posible, pensaba en críticas, porque la obra deriva en varias direcciones previas al cierre. Pero no, es cuasi redonda (la perfección no existe), perturbadora, incisiva, actual, intergeneracional. La cantidad de temas que abarca, sobre todo a nivel de relaciones, de familia, de comprensión dentro de esa trama enigmática que lleva ronroneando por el mundo desde hace eones… el zumbido. Vamos con la sinopsis personal y la desestructuración del manuscrito.
Claire es profesora, esposa, madre. Quizá no plena de felicidad, pero sí en dominio de su vida y logros. Hasta que comienza a escuchar el zumbido, que le roba el sueño, la contagia de insomnio y obsesión: imparable, imperturbable, continuo. Trata de explicarlo en vano a su familia y a sus personas cercanas, amigos y compañeros de trabajo. Ante lo anómalo, y como no comparten tal percepción, alternan entre tratarla con el cariño de quien ve a una enferma (loca agradable y poco peligrosa) y pasar al enfado y repudio por esa querencia que toma control de su existencia.
Un alumno de diecisiete años, Kyle, confirma que también sufre del zumbido. Eso los une, demasiado quizá, hasta que su fijación conjunta por encontrar el origen del zumbido y así poder acabar con él, termina en despido de la maestra por su relación con un menor, unido al fin de su prestigio y a la visión ajena sobre ella, marido e hija incluida, quien estudia en el mismo instituto, amiga de Kyle y gran perjudicada por tener que sufrir las consecuencias de su progenitora.
No queda ahí: las respuestas se demandan. Aparecen un grupo de vecinos heterogéneo, todos escuchan. Se unen. Se cierran en si mismos. La visión de Howard, el venerable mentor que afirma ser víctima y bendecido con el zumbido desde años atrás, los lleva a buscar no la molestia, si no el placer, sumergirse en ese ruido comunal. De ahí al aislacionismo entre ellos, tras devenir en parias, un oasis elegido y forzado. Determinados como secta. Todos esos frentes, junto con la sospecha de una conjura mundial para aprovecharse de o tapar el zumbido, alcanzan su cumbre en un clímax brutal, con personajes totalmente cambiados respecto a lo que conocimos en su inicio y que nos hacen compartir un viaje excepcional.
La novela tiene varias características únicas porque, además de resultar original (no el zumbido, sí el concepto o la afección y el tratamiento del mismo), aborda temas que pueden incomodar a algunos lectores, como esa relación entre profesora y alumno, de una intimidad brutal (se traspasan umbrales que no deben considerarse nocivos, pero que nos resultan ajenos por puritanismo). Los vínculos que acaban entrelazando a esa asociación que desentraña el zumbido, aunque cada cual con sus objetivos y fobias, sobrenaturales casi. El ritmo que fluye con prisas y pausas, la intriga y, sobre todo, lo cercano de los personajes pese a esa locura (presunta) incipiente y progresiva. Todo eso lo convierte en en un texto de una riqueza extrema.
Como digo, el argumento es sobresaliente porque, apoyado en una otredad, prioriza a los protagonistas antes que al evento en sí, también clave, no os creáis (era uno de mis miedos, que pasase de largo la calamidad en favor del drama inherente). Las subtramas son más y más relaciones que se forjan y se destruyen, acciones, decisiones, responsabilidades, consecuencias.
Los personajes, cada uno con su definición, habla, pasado, fuerte o flojo carácter, que relacionan a un exmilitar de agencias secretas, a un exprofesor sumamente ilustrado y a los vecinos más normales que se puedan concebir, todos zumbando, en esa supuesta organización mínima de autoayuda que medra, y que supone el punto fuerte. Además, narrado por Claire, se nos tramite su angustia en directo (aunque, en ocasiones, anticipa hechos, y en otros, parece no saber lo que acontecerá).
Atmósfera: el zumbido. Sin más. Los momentos en que acceden al mismo en complicidad son impagables, visuales, sensitivos. Intensidad y opresión desde ese sonido intangible.
El estilo es rico en forma y fondo, con prosa ágil pero cuidada, una traducción y una corrección de alto nivel (gracias, cada vez resulta menos frecuente), y se lee con placer y fruición.
Sobre el desenlace, a mejor, menos que contar. Ya dije que me intimidaba que la historia fuese demasiado grande para su cierre, pero no. Grato error.
Perseguidos, juzgados, propios, inquisitivos, curiosos, creando su propia familia lejos de sus familias, los únicos que los comprenden, su lugar seguro lejos del hogar del que ya desconfían (y que desconfía aún más de ellos debido a ese zumbido que el resto no detecta). Y eso que se ramifica por el mundo y los tiempos hasta que la sociedad (o la conspiración que protege el ruido que todo lo domeña, o no, quién sabe) decide poner freno, y las familias verdaderas reclaman sus propiedades de carne. Entiéndase como se quiera. No busques aquí un producto de syfy o terror, es más filosófico y místico dentro de lo social, de esas deducciones y experiencias; una aventura sensitiva. Magnífico ejemplar de literatura que abarca temas que cautivarán a todo tipo de lector y lectora, fuera de géneros, y en el que encontrarás una historia de tu gusto, que te desafía, que provoca el estigma. Atrévete, merece mucho la pena.
Pd: el zumbido, y no solo el concepto, viene de muy lejos, y estudiarlo supone un reto. Yo ya lo escucho… Ahora quiero sincronizar…
Una reseña de Román Sanz Mouta

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