
Autores: Josep Busquet (historia) y María Molina (ilustración)
Editorial: Yermo Ediciones – Sextante
Género: novela gráfica – aventura de fantasía histórica
Extensión: 104 páginas
RITUAL
Sabiendo que Josep Busquet es quizá uno de los tres mejores guionistas de cómics de nuestro presente patrio, y que ha encontrado en María Molina un complemento mayúsculo, ya atrae el interés dicha novela gráfica, donde se aúna la fantasía (otro tiempo, otro lugar, criaturas de fábula y monstruos) con lo crudo de ese otro tiempo y otro lugar que tan familiar deviene: la Guerra Civil, y aquellos que escapaban de la dictadura a Francia cruzando los inhóspitos Pirineos. Una frontera entre realidades y mundos todavía más gruesa que la recordada, porque añade ese componente místico, para peligro y esperanza.
Al grano. Cuasi siempre, las historias de Busquet son aventuras emocionantes y emocionales, no exentas de acción y dotadas de una profundidad en sus personajes que cala hondo.
Cuatro prófugos que son perseguidos con saña, una mujer embarazada con una niña, y una pareja de intelectuales homosexuales, tratan de huir de la locura dictatorial que torturó este país. Para ello se obligan a atravesar montañas y límites. Pero no solos, porque esos montes y bosques esconden terrores y sorpresas, y se deben acompañar por una guía, una Pasadora, como las llaman, poseedora del conocimiento de caminos ocultos y la forma de evadir tanto a los perseguidores como a aquello que acecha entre la naturaleza, lo nunca visto.
Una mujer especial, determinada, fuera de su tiempo y con un valor más grande que el del mayor ejército.
Sus enemigos no son menos, pues les unen vínculos que se irán revelando, y proseguirán su acecho hasta lo improbable y el mismo desenlace.
Interesante, ¿verdad?
La historia se basa a partes iguales en el miedo por la captura y a lo desconocido, en las verdades de cada uno de los protagonistas, y en las causas fácticas de sus persecutores. Funciona en un equilibrio perfecto, porque engancha y te agarra del cuello en una lectura sin pausa.
El dibujo de María Molina, de rasgos angulosos, físicos estilizados, coloridad adecuada, maestría con aquello que os presenta desde el misticismo, junto a esa atmósfera de cordillera que no acaba, un rival más a vencer.
Todo ese conjunto suma en favor de la obra, que no da un instante de pábulo descanso, y que acumula giros, encuentros insospechados, y un pasado que condujo a este presente oscuro, pero pleno en esperanza, la que conservan los personajes si consiguen alcanzar su objetivo de libertad.
Pero, reitero, se trata de una aventura, una lucha entre antagonistas, buenos y malos, donde cualquier suceso es posible. Aventura.
Es un gozo para la vista (además, el formato, el tamaño, las calidades y cuaderno de bocetos, como suelen en Yermo, son destacables), para los lectores y lectoras más avezados, para cualquier edad, y, sobre todo, para mantener fresca nuestra memoria sin renunciar a la fantasía, a soñar. De nuevo, quedo a los pies del señor Busquet y de María Molina. Bravo. El salto de muchas novelas gráficas está superando a las novelas tradicionales, con gran esfuerzo y denuedo, y se agradecen productos como este La Pasadora.
A leer, recrear la vista, la imaginación y los sentidos.
Pd: recuerdo Manticore como una de mis más entrañables experiencias, y Eonn, una joya por continuar que me gustaría seguir explorando. Y tomo nota de la ilustradora para bien. Buscad sus anteriores proyectos, lo recomiendo.
Una reseña de Román Sanz Mouta

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