
Parte 1 de 3, base teórica
INTRODUCCIÓN
La religión es un fenómeno que solo ha aparecido en las sociedades humanas. Todas ellas, sin excepción, tratan de conectar el mundo terrenal con un supuesto poder sobrenatural.
Las religiones han contado, desde sus albores, con seres sobrenaturales como dioses y espíritus. Al principio, estos poseían un poder limitado y tenían como objetivo establecer ofrendas, rituales y tabúes. Con el paso del tiempo, los dioses se hicieron más poderosos y entraron en la esfera de la moralidad. La existencia de mandatos morales resultó toda una innovación que –en términos generales– se tradujo en un beneficio para la sociedad. Es evidente que una cultura en la que a los individuos se les inculca no matar, no robar, no mentir, ser fieles a sus parejas y no violar porque, si no, Dios (que es todopoderoso) los castigará, tiene más posibilidades de prosperar que una que no pone freno a los peores instintos del ser humano. De hecho, se ha observado que el establecimiento de una religión en un territorio es un prerrequisito para la aparición de un estado en el mismo.
De todas las armas que las religiones tienen en su arsenal para mantener a raya a sus fieles, la más espectacular es la escatología. En otras palabras: el fin del mundo. ¿Hay algo que pueda aterrorizar más que la idea de que en el futuro el mundo será destruido y los pecadores, castigados? Por ello, muchas de las grandes religiones, como el hinduismo, el judaísmo, el mazdeísmo, el budismo, el cristianismo y el islam, tienen fuertemente arraigada la idea de un apocalipsis de uno u otro tipo.
Pero, incluso los irreligiosos más acérrimos conocen ejemplos de sociedades que han padecido su particular fin del mundo. Las ruinas de antiguas civilizaciones como la romana o la maya capturan nuestra imaginación, nos muestran su grandeza, nos hacen preguntarnos qué les sucedió y nos plantean si algo similar podría pasarnos a nosotros.
Hablaremos, pues, de COLAPSO de civilizaciones. ¿Y qué es un colapso? La definición que da el científico y divulgador Jared Diamond es “una drástica disminución de la población o la complejidad de la sociedad, sobre un área considerable y un periodo prolongado”.
Hay muchas causas de colapso. Una guerra nuclear, una epidemia o la caída de un asteroide son formas muy efectivas de causar un colapso, pero en este artículo vamos a obviar métodos tan simplones y nos centraremos en la ecología, la historia, la sociología y la economía.
EL PARAÍSO DE LOS CORNUDOS
En 1944 el ejército de los Estados Unidos llevó a cabo, sin pretenderlo, uno de los experimentos más fascinantes de la historia de la ecología. En los 357 km2 de la remota isla de San Mateo (Alaska) soltaron 29 ejemplares de reno (o caribú). El objetivo de los militares no era científico sino que los renos sirvieran de comida a los eventuales supervivientes de un accidente aéreo o naufragio naval.
La isla de San Mateo es un paraje inhóspito, con un clima subártico (temperatura media anual de solo 3,2 °C). Los inviernos son muy largos y fríos y los veranos frescos. En esas condiciones, su vegetación está compuesta por tundra y, hasta el momento de la introducción de los renos, los únicos mamíferos que poblaban la isla eran los zorros árticos y una especie endógena de roedor (aunque ocasionalmente algún oso polar ha visitado la isla en invierno, aprovechando que el mar se congela).
En esas condiciones climáticas, con abundante espacio, comida y ausencia de competidores y depredadores, los renos encontraron un entorno ideal en el que dar rienda suelta a los instintos que la naturaleza les dio. Los únicos enemigos que tenían los renos eran los humanos e incluso estos desaparecieron: la Guardia Costera de los Estados Unidos, que había mantenido una base en la isla, la abandonó al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
La isla de San Mateo se convirtió en el paraíso de los cornudos. En 1957, su número había crecido exponencialmente hasta los 1350 individuos y, por añadidura, su estado de salud era excelente. En 1963, la población había seguido aumentando, aunque a un ritmo más lento, se contabilizaron unos 6000 y se constataron algunos cambios en el ecosistema. En particular, su peso había disminuido, la proporción de ejemplares jóvenes era menor y los líquenes prácticamente habían desaparecido de la isla, sustituidos por hierbas. En 1964, un avión de reconocimiento sobrevoló la isla pero, extrañamente, no localizó ningún ejemplar; la anomalía se atribuyó a la abundante nieve y al hecho de que el avión volaba alto.
En 1965, unos miembros de la Guardia Costera decidieron hacer una visita a la isla para cazar los presuntamente abundantes renos. Tras tres días de infructuosa búsqueda, finalmente localizaron 40 individuos, de los cuales solo uno era un macho. Aunque la vegetación se recuperó, la población resultó incapaz de procrear, y en 1981 falleció el último ejemplar.
¿Qué había pasado? ¿Cómo llegó el paraíso de los cornudos a convertirse en un infierno? En 1966 se organizó una expedición científica para desentrañar el misterio. Los científicos determinaron que, durante el invierno de 1963-64, la gran mayoría de los renos había perecido de inanición. Usando la terminología de la ecología, se había producido un COLAPSO de la población.
La secuencia de acontecimientos de un colapso ecológico es esta:
- En un estado inicial, el consumo no excede la CAPACIDAD DE CARGA del sistema (los recursos que se producen de forma sostenible y, por lo tanto, se pueden consumir a este ritmo indefinidamente), lo que produce un CRECIMIENTO EXPONENCIAL de la población.
- En una segunda fase, el consumo de recursos excede la capacidad de carga. A pesar de esto, el consumo de recursos sigue al alza (SOBREPASAMIENTO), aunque se empiezan a producir alteraciones en el sistema dado que se están consumiendo más recursos que los que el sistema puede generar. En ciertos casos, el sistema puede alterarse tanto que la generación de recursos disminuye.
- Conforme el consumo de recursos continúa ascendiendo, llega el momento en el que, simplemente, no quedan recursos a consumir. En este momento se produce el COLAPSO de la población. El lapso de tiempo que sucede entre que se entra en sobrepasamiento y se produce el colapso se conoce como PERIODO DE LATENCIA, y resulta una irónica condena: una vez se entra en sobrepasamiento, el colapso es inevitable pero cuanto más se tarde en colapsar, más fuerte será este.
- Tras el descenso brusco de la población, esta se estabiliza, pero claramente por debajo de la capacidad de carga inicial del sistema, dado que este ha quedado gravemente alterado.
Podemos ver de forma más clara estas fases en la Ilustración 1.

No obstante, el colapso no es una consecuencia inevitable. Para el caso de San Mateo, se combinaron la ausencia de competidores y depredadores, el aislamiento (que impedía las migraciones) y unas condiciones meteorológicas particularmente favorables entre 1960 y 1963 (lo que produjo un incremento aún mayor de la población), seguidas de unas condiciones meteorológicas particularmente desfavorables en el invierno de 1963-64, que provocaron el colapso. La mejor prueba de ello es que, en materia de introducción de renos en islas árticas, tenemos ejemplos de poblaciones que han colapsado y ejemplos que no lo han hecho. El caso más sobresaliente de esto último es el de Georgia del Sur, en la que se introdujo el reno en 1911 y su población fue creciendo a lo largo de todo el siglo XX; solo se eliminó su presencia, tras decretarse su erradicación, entre 2013 y 2017.
EL PROBLEMA DEL CRECIMIENTO EXPONENCIAL
Cuenta la leyenda que en la antigua India había un poderoso brahmán llamado Rai Bhalit, que ordenó a uno de sus sirvientes, llamado Sisa, que inventara un juego capaz de entretenerlo. Al cabo de cierto tiempo, Sisa le presentó al brahmán su invención, que hoy conocemos como ajedrez.
Rai Bhalit quedó entusiasmado por el mismo y le preguntó a Sisa qué recompensa quería por el ajedrez. Con humildad, Sisa pidió poner un grano de trigo en la primera casilla del juego, dos en la segunda, cuatro en la tercera y así sucesivamente (en cada casilla se dobla la cantidad que hay en el anterior).
Sorprendido, Rai Bhalit, accedió a la –aparentemente– ridícula recompensa solicitada por Bhalit. Al fin y al cabo, solo eran unos granos de trigo…
Lo que el poderoso brahmán desconocía era el poder de la función exponencial. Sí, un grano de arroz es poca cosa pero si a cada paso se dobla la cantidad, esta se convierte en un número muy grande de forma sorprendentemente rápida: 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128… En la última casilla de la primera fila tenemos, pues, 128 granos de trigo. En la última casilla de la segunda fila ya tenemos 65536. En la tercera, 16777216. En la última casilla del tablero debería haber 9 trillones de granos de trigo. Parece mucho, y lo es: al ritmo actual, el mundo tardaría 1200 años en producir esta cantidad.
¿Y qué tiene eso que ver con el colapso? Pues, sencillamente, que si disponemos de una cantidad limitada de un recurso (y, ciertamente, la Tierra es un sistema limitado) y nuestro consumo de este recurso crece exponencialmente, agotaremos dicho recurso en un tiempo sorprendentemente breve. Incluso un crecimiento aparentemente moderado supone doblar el consumo rápidamente. Por ejemplo, para un 1% anual, el consumo se dobla en 70 años y para un 5% anual el consumo se dobla en 14 años. Aplicándolo a los recursos, tenemos estos ejemplos:
- Supongamos que tenemos petróleo para 100 años al ritmo de consumo actual. Si incrementamos el consumo un 2% anual, ese mismo petróleo durará 55 años.
- Supongamos que tenemos carbón para 500 años al ritmo de consumo actual. Si incrementamos el consumo un 2% anual, ese mismo carbón durará 110 años.
En resumen: un sistema finito no puede sostener indefinidamente un incremento del consumo de un recurso (o cualquier otra variable física) y menos aún si este incremento es exponencial, puesto que dicho recurso se agotará de forma mucho más rápida de lo que a primera vista puede parecer.
CIENTÍFICOS PREDICIENDO EL FIN DEL MUNDO
Ahora ya contamos con unos ingredientes estupendos (población, recursos, consumo, crecimiento exponencial, sobrepasamiento, periodo de latencia y colapso) para nuestra receta del fin del mundo.
El primero científico moderno en aplicar estas ideas fue Thomas Robert Malthus (1766 –1834). En su libro An Essay on the Principle of Population (1798) advertía que, mientras la producción de alimentos crecía de forma lineal, la población lo hacía de forma exponencial. De esta forma, cualquier incremento en la producción de alimentos era rápidamente absorbido por la creciente población y los estándares de vida se mantenían invariablemente bajos. Adicionalmente, epidemias, hambrunas y guerras “ayudaban” a mantener la población bajo control.
No hace falta decir que las siniestras predicciones de Malthus no se cumplieron. El control de natalidad y el incremento de la productividad gracias a la revolución industrial lograron hacernos escapar de la trampa malthusiana.
Otro científico destacado al respecto fue William Stanley Jevons (1835-1882). En su libro The coal question (1865) se centraba en la producción y consumo de carbón. Viendo que el consumo crecía exponencialmente, se preguntó si no sería conveniente echar el freno «¿vamos a permitir que el comercio de este país crezca más allá del punto a partir del cual no seamos capaces de mantenerlo?». Jevons fue más allá y llegó a proponer disminuir el consumo de carbón para salvar la economía británica «dado que nuestra riqueza y progreso dependen de la superioridad del carbón, no solo debemos pararnos, tenemos que volver atrás».
De nuevo, las preocupaciones de Jevons no se hicieron realidad. El consumo de carbón británico empezó a crecer más pausadamente y alcanzó su pico en 1913. A partir de allí, tomó las riendas un nuevo combustible: el petróleo (luego vinieron gas, nuclear y renovables). El consumo de carbón por parte de los británicos empezó un lento declive y desde 2015 es prácticamente inexistente.
En un anterior artículo,Mad Hubbert. Más allá del pico del petróleo, vimos el enfrentamiento entre los (NEO)MALTHUSIANOS y sus rivales, los CORNUCOPIANOS. Los neomalthusianos se centran en que el planeta en el que vivimos es finito y, por lo tanto, los recursos disponibles también lo son. Por añadidura, muchos recursos no son renovables, por lo que su consumo conduce inevitablemente a su agotamiento. Por su parte, los cornucopianos se centran en que el ingenio humano es capaz de encontrar y extraer nuevos recursos que previamente estaban fuera de nuestro alcance. Si bien ambos bandos hacen aportaciones de mérito, el cómputo global parece, de nuevo, favorable a las tesis optimistas.
En 1968 se fundó el Club de Roma, una ONG formada por intelectuales y empresarios que tiene como objetivo investigar sobre aquellos asuntos más preocupantes a escala global. El Club de Roma encargó a un grupo de investigadores del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) la elaboración de un informe que diera cuenta de estas preocupaciones. De ahí, en 1972 se publicó The Limits to Growth (Los límites al crecimiento). Los autores de dicho informe eran Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jørgen Randers y William W. Behrens III, aunque había en total 17 colaboradores. Los autores decidieron realizar una simulación de la Tierra por ordenador, aplicando dinámica de sistemas en la que el resultado de unas variables afectaba a otras, lo que creaba retroalimentaciones (feedbacks), algo común en la actualidad pero que era revolucionario en su época.
El equipo del MIT analizó en 12 escenarios la dinámica de la Tierra desde el año 1900 hasta el 2100. Las “predicciones” que se extrajeron deben tomarse con mucha cautela (deberíamos hablar más bien de “proyecciones”) y solo tienen el valor de marcar las tendencias generales del sistema, sin pretender dar valores precisos. Esos 12 escenarios se agrupan en 3 categorías:
- Escenario estándar (1): asumía que el escenario económico, social y físico de la actualidad se prolongaría en el futuro. (Ilustración 2)
- Escenarios tecnológicos (6): partían del escenario estándar pero introducían cambios parciales (más recursos, mayor rendimiento agrícola, mayor control de natalidad, reducción de la contaminación…)
- Escenarios estables (5): restringían la población humana, la producción industrial, introducían el reciclado…

De los 12 escenarios, solo 4 (todos del último grupo) evitaban el sobrepasamiento y el colapso.
Las conclusiones de los autores del informe indicaban que, si se mantenía la tendencia de incremento de población mundial, industrialización, contaminación, producción de alimentos y agotamiento de recursos, los límites del crecimiento de este planeta se alcanzarían en algún momento de los próximos 100 años. El resultado de esto iba a ser un súbito e incontrolado descenso de la población y de la capacidad industrial. Es decir, un colapso. La mayor parte de los modelos mostraban un declive de la producción industrial en la década de 2020 y una caída de la población en la década de 2030.
Por si no quedaba claro: los autores de Los límites del crecimiento pronosticaban que, si no se intervenía con decisión, miles de millones de personas iban a perecer en el siglo XXI, ya fuera de hambre o por la contaminación ambiental.
Como alternativa, los autores indicaban que era factible crear un estado de las cosas en el que la población humana pudiera satisfacer sus necesidades básicas de forma sostenible y que cuanto antes nos pusiéramos a ello, más probable era conseguirlo.
Desde entonces se han ido efectuando múltiples estudios similares, con modelos más completos y datos más actualizados y sus conclusiones son similares: hemos sobrepasado la capacidad de carga del sistema, estamos sobreexplotando los recursos naturales y, de no corregir el curso, el colapso resulta inevitable.
EL IMPERIO (DEL DINERO) CONTRAATACA
Las conclusiones de Los límites del crecimiento no sorprendieron a la comunidad científica, en especial a aquellos conocedores de lo que es un colapso ecológico, dinámica de sistemas o, simplemente, lo que es una función exponencial.
En cambio, en el ámbito de lo social, lo político y, en especial, lo económico, el debate fue furioso. Buena parte de la discusión se genera por la cuestión del crecimiento económico. Conviene decir que los autores de Los límites del crecimiento y sus defensores han enviado mensajes contradictorios sobre el crecimiento económico. En el propio Los límites del crecimiento se asegura que para no producir el colapso es necesario limitar el capital, pero con posterioridad algunos han matizado que se referían al consumo ilimitado de recursos y al crecimiento sin freno de aquellas actividades que generan perjuicios medioambientales.
La cuestión es, pues, si es posible DESACOPLAR el crecimiento económico del daño medioambiental y del agotamiento de recursos. Los optimistas creen que es posible y hasta le han otorgado un nombre: CRECIMIENTO SOSTENIBLE. Tienen múltiples ejemplos que lo ejemplifican: en el último medio siglo, en los países ricos, la superficie boscosa ha aumentado, mientras que la contaminación de ríos y aire ha disminuido. Los países ricos también están reduciendo sus emisiones de CO2. No obstante, no todo el mundo está de acuerdo. Los pesimistas consideran que buena parte de los daños medioambientales de los países ricos, como minería e industria, se han externalizado a países pobres, por lo que las cifras de los países ricos son parciales. Por otro lado, aunque algunos tipos de contaminación han disminuido (p.e. la lluvia ácida), otros han aumentado (p.e. los residuos plásticos). Estos pesimistas alegan que, para que realmente se produzca un desacoplamiento, es necesario un cambio radical del sistema.
En 1980, el biólogo Paul Ehrlich y el economista Julian Simon decidieron zanjar la disputa mediante una apuesta. Escogieron cinco recursos y acordaron mirar los precios de los mismos en 1990. Si los precios absolutos bajaban, ganaba Simon (que consideraba que la humanidad tenía ingenio para obtener cada vez más recursos). Si subían, ganaba Ehrlich (que consideraba que, al agotarse los recursos, el precio debía subir). Llegó 1990 y el precio de las 5 variables bajó. Simon ganó su apuesta 5-0.
Algunas predicciones de Los límites del crecimiento resultaron excesivamente sombrías. Por ejemplo, consideraron que la contaminación medioambiental crecía con la economía, cosa que sabemos que se puede revertir. Consideraron también que la superpoblación iba a ser un problema mayor de lo que lo ha sido al final (por ejemplo, estimaban que la tasa de mortandad subiría antes de alcanzar los 8200 millones de personas, hoy en día es de 8400 millones y sigue bajando). No obstante, en términos generales, se puede decir que el “modelo estándar” que ellos predijeron se está cumpliendo con cierta precisión, aunque con retraso. De estar en lo cierto, el colapso de la civilización humana debería iniciarse en algún momento entre 2020 y 2050.
REACCIONES HUMANAS AL COLAPSO
El hipotético colapso de la sociedad humana ha sido objeto de intensos debates. Podemos agrupar las opiniones vertidas al respecto en diferentes grupos. He aquí los más destacados.
En primer lugar, tenemos a los COLAPSISTAS. Estos, siguiendo sus modelos, indican que hemos sobrepasado la capacidad de carga de nuestro planeta y, por lo tanto, prevén un colapso inevitable. Sin embargo, no todos aceptan la exactitud de las predicciones de los modelos; muchos creen que no reflejan la realidad, en especial en lo que respecta a los avances tecnológicos y la organización de la sociedad humana. Los colapsistas arrastran, además, dos siglos de predicciones erradas. Para terminar, algunos de ellos tienden a ver cualquier señal (tanto de un signo como de su contrario) como síntoma de un colapso inminente, lo cual entra en colisión con el criterio de falsabilidad que es imprescindible en ciencia.
En segundo lugar, tenemos a los DECRECENTISTAS. Estos abogan por un decrecimiento que minimice el sobrepasamiento y, por lo tanto, evite las peores consecuencias del colapso. Conviene recordar que el decrecimiento debería plantearse sobre magnitudes físicas (emisiones de CO2, erosión del terreno, cantidad de cobre minado, número de vuelos al día…). Sus partidarios defienden que esto es posible mientras, simultáneamente, se mantienen o mejoran las condiciones de vida de la población. La mayor parte de los economistas consideran, no obstante, que este decrecimiento conllevaría una crisis económica que lo convertiría en inviable.
La tercera opción es defender un CRECIMIENTO SOSTENIBLE. Consistiría en mantener el crecimiento económico mientras, en paralelo, no se compromete el bienestar de las generaciones futuras. Para esto se deben vigilar las condiciones medioambientales, pasar a recursos renovables y, cuando esto último no es posible, minimizar la extracción de recursos no renovables (p.e., mediante el reciclaje). Dado que se trata de la opción más atractiva, no es de extrañar que sea la más popular.
Una forma de afrontar el colapso es mediante el incremento de la RESILIENCIA. Es decir, hacer que una sociedad sea capaz de resistir eventuales crisis y recuperarse de ellas. Para ello es necesario diversificar la economía, crear redundancias, tener una sociedad flexible y fomentar la autosuficiencia.
El TECNO OPTIMISMO considera que la ciencia y la tecnología son la mejor herramienta para solventar cualquier eventualidad, incluido un posible colapso. A su favor cuentan con dos siglos en su haber y el hecho de que los avances tecnológicos crean nuevas oportunidades para solventar los problemas humanos y ecológicos. No obstante, del mismo modo que la tecnología solventa unos problemas, también crea otros nuevos.
Contamos finalmente con el ECOFASCISMO, término delicado que merece una buena aclaración. Existen algunos ecologistas convencidos de la necesidad de un gobierno totalitario que implemente medidas drásticas para evitar una catástrofe medioambiental, pero estos son una estricta minoría dentro del ecologismo y no debe extenderse el uso del término “ecofascimo” al conjunto del movimiento ecologista. Por otro lado, también hay quien teme que, en algún momento, los movimientos fascistas recurran a ideas ecologistas para justificar su acaparamiento de poder. No hace falta ser una eminencia para encontrar fallas en la idea de establecer una dictadura; por muy loables que sean las intenciones que la justifiquen, la historia demuestra una y otra vez, que las naciones dictatoriales se desenvuelven peor (volveremos a ello más adelante).
RESUMEN DE LA PRIMERA PARTE
Hemos visto cómo numerosas culturas humanas tienen el concepto de un apocalipsis debido a una degeneración de los cánones morales. En la naturaleza existe una situación similar llamada colapso, que se produce debido a un excesivo consumo de recursos y que conlleva una brusca reducción de la población. Numerosos científicos han alertado de la posibilidad de que nuestra civilización se dirija hacia un colapso. Sus conclusiones, basadas en modelos matemáticos, deben contemplarse con cautela dado que no reflejan la complejidad de la sociedad humana. Debido a la falta de unanimidad de los expertos, las reacciones al concepto de “colapso” del mundo social, político y económico son muy dispares.
Si los modelos matemáticos no pueden predecir con precisión si nos dirigimos o no hacia un colapso, ¿hay algo que podamos hacer para dilucidar esta espinosa cuestión? La respuesta es que sí pero, en lugar de intentar predecir el futuro, debemos buscar respuestas en el pasado.
Un artículo de Pedro P. Enguita Sarvisé

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