
Parte 3 de 3, conclusiones y ciencia ficción
RECAPITULEMOS ¿QUÉ VARIABLES PREDISPONEN O DIFICULTAN UN COLAPSO?
Tras este repaso a través de la ciencia, la sociología, la economía y la historia tenemos, por fin, suficientes elementos para determinar qué es lo que causa o evita un colapso.
Una sociedad tiende a colapsar si:
- Se produce un crecimiento sostenido de una variable física, en especial si este crecimiento es exponencial, hasta que se sobrepasa la capacidad de carga del sistema (Imperio Jemer, anasazis, Mangareva)
- El ecosistema tiene una lenta capacidad de recuperación (groenlandeses, anasazis)
- Es incapaz de alimentar a su propia población (groenlandeses, anasazis, Mangareva, Pitcairn & Henderson, Corea del Norte, Haití, Zimbabue)
- Está aislada o semiaislada (groenlandeses, Pitcairn & Henderson)
- Depende críticamente de mercancías que deben transportarse desde largas distancias o importarse de otras culturas (groenlandeses, anasazis, Pitcairn & Henderson)
- La economía no está suficientemente diversificada (groenlandeses, jemeres, anasazis, Haití)
- Inflexibilidad cultural (groenlandeses, Corea del Norte, Haití)
- Desdén por la ciencia, la tecnología o la competencia técnica (Haití, Zimbabue)
- Existencia de élites extractivas que utilizan los recursos del país en beneficio propio, limitan los derechos individuales, generan grandes desigualdades, crean una economía con escasa competencia, descuidan los servicios básicos de la sociedad (educación, sanidad, infraestructuras…) y tienen un aparato represivo contra la población (jemeres, anasazis, Haití, Corea del Norte, Zimbabue)
- Incapacidad para analizar los problemas y adoptar las soluciones adecuadas (groenlandeses, Mangareva, anasazis, Corea del Norte, Haití, Zimbabue)
- Líderes que no dan ejemplo (Corea del Norte, Haití, Zimbabue)
- Excesivo gasto militar (Corea del Norte)
- Conflicto con otras culturas (groenlandeses, jemeres, Corea del Norte)
- Cambio climático (groenlandeses, jemeres, anasazis)
Por el contrario, los factores que ayudan a evitar un colapso son:
- Se limita el consumo y la producción de ciertas variables físicas (Tikopia, Japón)
- No se sobrepasa la capacidad de carga del sistema (Tikopia, Japón, hopis & zuñíes)
- El ecosistema tiene una rápida capacidad de recuperación (Tikopia, Japón, República Dominicana)
- Capacidad para alimentar a su propia población (Tikopia, hopis & zuñíes, Japón, Botsuana)
- Economía diversificada (Tikopia, hopis & zuñíes, Japón, Corea del Sur, República Dominicana)
- Flexibilidad cultural y adaptabilidad (Tikopia, Japón, Corea del Sur, Botsuana)
- Interés por la ciencia, la tecnología y la competencia técnica (Japón, Corea del Sur, República Dominicana, Botsuana)
- Existencia de élites inclusivas que protegen los derechos individuales, mantienen desigualdades moderadas, crean una economía de libre mercado, mantienen unos servicios esenciales (educación, sanidad, infraestructuras…) y no reprimen a sus propias poblaciones (Corea del Sur, República Dominicana, Botsuana)
- Análisis de los problemas y adopción de las medidas adecuadas para solucionarlos (Tikopia, Japón, Corea del Sur, República Dominicana, Botsuana)
- Existencia de líderes que dan ejemplo (Tikopia, Japón, Botsuana)
- Gasto militar moderado (Japón, Botsuana)
- Relaciones amistosas con otras culturas (Corea del Sur, República Dominicana, Botsuana)
COLAPSO EN LA CIENCIA FICCIÓN
La ciencia ficción ha hecho un abundante uso del recurso del colapso para construir historias. Además de constituir un escenario radicalmente diferente del que estamos acostumbrados, ofrece una magnífica oportunidad para plantear cuestiones sobre las relaciones humanas desde una nueva perspectiva. Además, al hablarnos de las causas del colapso, sirve como denuncia de las mismas.
La forma más estupenda de causar el colapso de nuestra civilización es una guerra nuclear. Numerosas obras han usado este recurso como forma de advertirnos sobre la estupidez de este tipo de armas, especialmente entre las décadas de los 60 y los 80 del siglo XX, cuando el temor a un conflicto nuclear alcanzó el apogeo. Magníficas novelas como Cántico por Leibowitz (Walter M. Miller, 1960), El cartero (David Brin, 1985), Puerta al país de las mujeres (Sheri S. Tepper, 1988) y películas como El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) han hecho buen uso del mismo. También podemos ver colapsos en apocalipsis zombies, como Soy leyenda (Richard Matheson, 1954), Guerra Mundial Z (Max Brooks, 2006) y obras de cataclismos variados como La carretera (Cormac McCarthy, 2006) y 2012 (Roland Emmerich, 2009). Sin restarle mérito a ninguna de estas obras, no resulta de especial interés hablar de ellas puesto que en todas se recurre a un suceso cuasi todopoderoso para generar el colapso y, salvo en el caso de la guerra nuclear, ninguna de estas causas es muy verosímil.
¿Qué obras podemos destacar por detallar de forma interesante el fenómeno del colapso? Evidentemente, ninguna lista será completa ni objetiva, pero he aquí las que considero más relevantes.
| FECHA | TÍTULO | AUTOR/A | TIPO | CAUSA |
| 1895 | La máquina del tiempo | H. G. Wells | Novela | Conflicto social |
| 1948 | 1984 | George Orwell | Novela | Gobierno tiránico |
| 1951 | Fundación | Isaac Asimov | Novela | Estancamiento tecnológico |
| 1973 | Cuando el destino nos alcance | Richard Fleischer | Película | Colapso ecológico |
| 1977 | Pórtico | Frederik Pohl | Novela | Contaminación |
| 1979 | Mad Max | George Miller | Película | Escasez de recursos |
| 1980 | Cronopaisaje | Gregory Benford | Novela | Multifactorial |
| 1985 | El cuento de la criada | Margaret Atwood | Novela | Multifactorial |
| 1987 | Las torres del olvido | George Turner | Novela | Multifactorial |
| 1993 | La parábola del sembrador | Octavia E. Butler | Novela | Cambio climático |
| 1995 | Waterworld | Kevin Costner | Película | Cambio climático |
| 2004 | El atlas de las nubes | David Mitchell | Novela | Desconocida |
| 2004 | El día de mañana | Roland Emmerich | Película | Cambio climático |
| 2006 | Hijos de los hombres | Alfonso Cuarón | Película | Infertilidad |
| 2017 | El fin del Imperio | John Scalzi | Novela | Redes comerciales |
| 2019 | El colapso | Bernard, Desjardins y Ughetto | Serie | Multifactorial |
En La máquina del tiempo de H. G. Wells se usa la excusa de una máquina del tiempo para situar al viajero temporal en un lejano futuro en el que la especie humana ha evolucionado hasta dividirse en dos: por un lado, los decadentes elois (reflejo de la acomodada burguesía), que viven en la superficie, en un jardín donde han desaparecido las ciudades, y por otro, los brutales morlocks (inspirados en la dura clase obrera), que viven en el subsuelo, donde operan maquinaria. La relación entre ambas especies es macabra: los morlocks cubren las necesidades de los elois y, a cambio, los usan de alimento. La novela, por tanto, es una crítica a la sociedad capitalista de la época y a la rigidez de la estratificación social. Es meritorio el aprovechamiento del concepto científico de la evolución (El origen de las especies de Darwin se publicó en 1859). Respecto a la representación que se hace del colapso, obsérvese que hemos mencionado el conflicto social y las desigualdades como una de las principales causas, así que en este aspecto la obra no iba desencaminada.
En 1984 de George Orwell, el planeta está dividido en tres naciones que se disputan el dominio mundial. El gobierno es tiránico, impone un estricto control sobre los medios de comunicación, la libertad es prácticamente nula, se encuentra en estado de guerra permanente y el líder (el “Gran Hermano”) debe ser adorado sin fisuras. Por si el panorama no fuera suficientemente sombrío, la sociedad muestra claros indicios de colapso, con raciones de comida siempre menguantes (que la censura se esfuerza en presentar como creciente abundancia). La obra es una clara crítica a los regímenes de tipo comunista, en especial al referente de la época, el brutal gobierno de Stalin. Los parámetros en los que se mueve la sociedad de 1984 son idóneos para provocar un colapso, por lo que resulta una obra especialmente acertada en este aspecto.
En Fundación de Isaac Asimov se nos presenta un Imperio Galáctico que está a punto de colapsar, pero solo un científico –creador de la nueva disciplina de la psicohistoria– ha sido capaz de preverlo. La causa del colapso del Imperio Galáctico es el estancamiento tecnológico y, para remediarlo, se crea una Fundación de científicos que, aunque no puede evitar el colapso, al menos tratará de minimizarlo. Obsérvese que se trata de una novela en la que la planificación resulta crucial. La obra es una hija de su época, donde el optimismo por el avance científico era la norma, y la idea de estancamiento tecnológico como causa del colapso es verosímil. Vemos un claro reflejo entre el Imperio Galáctico del futuro y la Tierra en el siglo XXI, con científicos advirtiendo a las autoridades sobre los problemas medioambientales que afronta el planeta.
Cuando el destino nos alcance (también conocida como Soylent Green) de Richard Fleischer se ambienta en un mundo acosado por multitud de problemas ecológicos: superpoblación, contaminación, cambio climático, agotamiento de recursos y, por si fuera poco, una fuerte estratificación social que genera conflictos. Las clases bajas apenas tienen qué comer y, en medio de este panorama, la compañía Soylent presenta un nuevo producto alimentario: Soylent Green. Sin ánimo de hacer spoilers, la “solución” que encuentran los directivos de Soylent es un claro ejemplo de lo que hace una élite extractiva. La película presenta de forma acertada los problemas que tanto preocupaban los estudiosos del Club de Roma y, de hecho, resulta uno de los mejores ejemplos de cómo plasmar la complejidad de un colapso. En términos generales, continúa vigente medio siglo después.
En Pórtico de Frederik Pohl se nos presenta un mundo amenazado por múltiples problemas, como la sobrepoblación y la escasez de recursos. El más chocante es el de la contaminación ambiental, que alcanza cotas tan extremas que los ricos viven bajo cúpulas. En esa situación, se descubre una base alienígena abandonada repleta de naves interestelares y la exploración del espacio se convierte en la última esperanza de la humanidad. La obra vive la creciente preocupación por la contaminación del momento (en esa época, las industrias vertían alegremente sus residuos a las aguas y la atmósfera) la cual se consideraba el principal problema medioambiental. Afortunadamente, esto ya no es así en los países ricos, que han implementado medidas para limitar la contaminación, aunque sigue siéndolo en los países pobres. Resulta interesante la desigualdad que plasma la novela entre las clases populares y las adineradas, muy en línea con lo que provoca el colapso del que nos habla la novela.
La saga que inaugura Mad Max de George Miller, se ambienta en un mundo que está colapsando debido a la escasez de recursos (especialmente petróleo y agua), lo que produce una fuerte crisis económica y hace que el gobierno pierda el control de la situación, mientras que bandas de malhechores recurren a la violencia para lograr sus objetivos. La película es hija de su época, la Crisis del Petróleo y la escasez de recursos de la que nos hablaba Los límites del crecimiento, publicado unos años antes.
La novela Cronopaisaje de Gregory Benford se ambienta en 1960 y en el 2000. El mundo del año 2000 está colapsando debido a una fuerte crisis económica generada por la escasez de petróleo (de nuevo, la novela es hija de la Crisis del Petróleo), unida a un fenómeno imprevisto llamado “floración” que recuerda a la eutrofización, solo que se expande también por el aire. La sociedad del 2000 no tiene solución a estos problemas y, como último recurso, intentan enviar un mensaje a 1960 para advertirles sobre el uso de ciertas sustancias químicas. La advertencia que hace el autor sobre las consecuencias inesperadas de la actividad humana resulta muy pertinente y acertada, puesto que, en lugar de presentarnos una crisis conocida, aventura una crisis que ni siquiera podemos prever. En este sentido conviene recordar que Gregory Benford es científico y, por lo tanto, está acostumbrado a lidiar con lo inesperado.
La aclamada novela El cuento de la criada de Margaret Atwood nos presenta el colapso de los Estados Unidos, fruto del incremento de la infertilidad de la población (la causa de dicha infertilidad no se aclara, aunque la novela menciona zonas gravemente contaminadas, el uso de pesticidas, enfermedades de transmisión sexual…). En los Estados Unidos esto genera la aparición de medidas autoritarias, basadas en una interpretación literal de la Biblia, para salvaguardar la especie humana. El nuevo régimen, en el que la mayor parte de la población malvive en la pobreza, se apoya en medidas violentas contra las mujeres y los disidentes, una fuerte estratificación social y la guerra. Cabe señalar que no todas las naciones han seguido este camino y las hay que mantienen intacto su sistema social (aunque padezcan del mismo problema de infertilidad). La novela, escrita en una época en la que las democracias liberales parecían ser el único camino a seguir, resulta conmovedora en nuestro mundo, donde avanzan las dictaduras. Curiosamente, tal y como nos presenta la novela, hoy en día se ve una pérdida de infertilidad, en parte causada por la contaminación (en especial, por los disruptores endocrinos).
En Las torres del olvido de George Turner el colapso se debe a una grave crisis económica y a la escasez de recursos, lo que provoca que la mayor parte de la población se encuentre desempleada. A esto se suma el cambio climático, que causa la subida del nivel del mar. La sociedad se divide entre quienes conservan el empleo (supra), que viven en un entorno similar al nuestro, y los que lo han perdido (infra), que sobreviven gracias a las ayudas estatales, hacinados en grandes bloques de viviendas. La trama, muy rica, presenta unas elites que deciden salvarse por su cuenta a costa de los infra. Por si no quedaban claras las intenciones aleccionadoras del autor, al final de la obra se abordan los diversos problemas medioambientales a los que nos enfrentamos.
La parábola del sembrador de Olivia E. Butler nos presenta un mundo carcomido por una brutal sequía, consecuencia del cambio climático. Esto provoca un desempleo masivo, bandas criminales que campan con impunidad y la fortificación de las pocas comunidades que aún se mantienen en pie. En esta situación, el gobierno de los Estados Unidos es incapaz de mantener el control del territorio, que pasa a estar en manos de megacorporaciones y las bandas criminales. Nuevamente, la novela presenta una profunda desigualdad como una de las causas (y consecuencias) del colapso.
En la película Waterworld, dirigida por Kevin Costner, el cambio climático ha hecho subir el nivel del mar hasta anegar prácticamente todas las tierras emergidas. Las escasas comunidades humanas supervivientes habitan poblados flotantes, mientras que unos malvados smokers utilizan el escaso petróleo que queda para imponer su dominio de terror sobre las mismas. Conviene señalar que, aunque la advertencia sobre el aumento del nivel del mar es acertada, la idea de que esto pueda inundar casi toda la tierra emergida es completamente imposible.
La novela El atlas de las nubes, de David Mitchell, se desarrolla en 6 momentos diferentes, desde el siglo XIX hasta algún momento no definido del futuro. La última historia está ambientada en una Hawái postapocalíptica, donde la humanidad ha retrocedido a un estado preindustrial, salvo por un reducto tecnológico (los “prescientes”) que también muestran signos de decadencia. Se desconocen las causas de este colapso, pero la penúltima historia nos ofrece ciertas pistas sobre lo que pudo haber sucedido: contaminación y enfrentamiento social entre una clase dominante y una esclavizada. Es importante señalar que, en contra de lo que suele ser habitual, la novela no deja lugar para la esperanza tras un colapso global de la civilización humana.
La película El día de mañana, dirigida por Roland Emmerich, muestra el colapso de nuestra civilización por el cambio climático. Lo hace, sin embargo, exagerando hasta lo inverosímil la virulencia del fenómeno y su celeridad. A su favor, conviene señalar que la idea de que un calentamiento pueda causar una era glacial no es tan absurda como pueda parecer; de hecho, la película está basada en un evento real conocido como Younger Dryas.
La película Hijos de los hombres, dirigida por Alfonso Cuarón y basada en la novela homónima de P. D. James, presenta un mundo en el que la humanidad, por razones desconocidas, ha perdido la capacidad de procrear. Esto bastaría para asegurar la extinción de los seres humanos en un plazo de aproximadamente cien años, pero el colapso de la sociedad humana ocurre mucho antes. La violencia (terrorismo, estado policial, guerrilleros, abusos contra los inmigrantes…) y el escapismo (drogas, suicidio, religión, refugiarse en internet o en el trabajo…) dominan una sociedad que ha perdido la esperanza… O tal vez no. De forma inesperada, aparece una mujer embarazada. Este hecho, en otras circunstancias insignificante, desatará una auténtica tormenta.
El fin del Imperio, de John Scalzi, se desarrolla en unas colonias humanas denominadas la Interdependencia, que han perdido contacto con la Tierra. Entre las colonias existe una compleja trama de comercio interestelar gracias al Flujo, una extraña cualidad que permite el viaje superlumínico. La mayor parte de las colonias no son autosuficientes y dependen del comercio para subsistir. Todo normal y bien hasta que el Flujo comienza a transformarse, poniendo en riesgo a planetas enteros. La obra ejemplifica el problema de la interdependencia y la criticidad de las relaciones comerciales, pero lo aborda con un marcado sentido del humor.
La serie francesa El colapso, creada por Bernard, Desjardins y Ughetto, presenta un caleidoscopio de situaciones. Previamente al colapso, se aprecian una serie de señales: dificultades de suministro de bienes básicos, estallido social, inestabilidad económica… y, acertadamente, se nos presenta a un científico que trata de advertir a la población. El colapso en sí se produce de forma súbita; una vez cae parte del sistema, arrastra al resto consigo. La élite social trata de alcanzar refugios creados específicamente para ellos, mientras que para las clases populares, la única opción son las pocas comunidades autosostenibles que aún existen. En este sentido, resulta un compendio muy logrado de todo lo que hemos ido comentando sobre un posible colapso de la civilización humana.
Como podemos observar, la ciencia ficción ha abordado el tema del colapso de maneras muy diversas. Aunque sus planteamientos distan de ser precisos, la forma en la que se plasma la complejidad del asunto, en particular, cómo interactúan las múltiples variables (clima, recursos, economía, desigualdades…) resulta, en muchos casos, muy ilustrativa y, en numerosas situaciones, más reveladora que algunos sesudos análisis de los expertos, más centrados en su especialidad que en la visión global.
CONSIDERACIONES FINALES
En la psique colectiva está arraigado el concepto de que existen acciones que son pecaminosas y, si se incurre en ellas, se recibirá algún tipo de castigo sobrenatural. El mayor de estos castigos se ejerce no a título individual, sino colectivo: es toda la humanidad la que sufrirá el castigo por sus pecados. De ahí que la idea de una catástrofe global provocada por nuestras acciones nos resulte tan natural.
El colapso ecológico es un fenómeno bien conocido en el ámbito científico. Viene precedido por un crecimiento descontrolado de la población, que sobrepasa la capacidad de carga del ecosistema, hasta que finalmente se produce el hundimiento de la población. No obstante, no todos los ecosistemas colapsan.
Hemos visto también que múltiples sociedades humanas del pasado han padecido un colapso, mientras que otras tantas lo han logrado evitar. En muchas de ellas, el colapso ecológico ha jugado su papel, pero intervienen otros muchos factores, propios de la sociedad humana. Para analizar adecuadamente el colapso de las civilizaciones humanas es necesario aunar las ciencias duras (matemáticas, física, geología, meteorología, biología…), las ciencias de la salud (medicina…) y las ciencias humanas (historia, sociología, economía…). Ante la complejidad del tema, pocas personas están capacitadas para analizarlo con rigor, por lo que conviene ser precavido. No obstante, numerosos expertos abordan el tema centrándose en su especialidad, lo que les lleva a una visión miope del problema.
Curiosamente, la ciencia ficción, aunque no tiene como objetivo realizar una descripción cuantitativamente precisa de la realidad, sí que ha aventurado, en numerosas ocasiones, descripciones cualitativamente precisas. En particular, ha sido capaz de presentar de forma muy acertada el carácter multifactorial del colapso, a veces mejor que los expertos en el tema.
Es lícito plantearse si el colapso de la civilización humana es algo inevitable, una posibilidad o simplemente un alarmismo injustificado. Examinemos los hechos:
- Tenemos numerosos indicios de que hemos sobrepasado la capacidad de carga de nuestro planeta. Algunas variables físicas, como la población o las emisiones de CO2, siguen aumentando y continuamos consumiendo recursos no renovables, cuya sostenibilidad a largo plazo está en entredicho. No obstante, somos capaces de revertir algunas negatividades mediante tecnología y la búsqueda de recursos alternativos.
- La velocidad con la que nuestro planeta puede recuperarse de la acción humana depende enormemente de la variable. Algunas (como, por ejemplo, la contaminación atmosférica) se recuperan en unos días, mientras que otras (como, por ejemplo, la sobreexplotación de los acuíferos) pueden tardar décadas en volver a su estado original.
- De momento, podemos alimentar a nuestros propios habitantes y las tasas de desnutrición están disminuyendo. A pesar de eso, es preocupante el aumento de la población en determinadas zonas del planeta (especialmente en África).
- Estamos aislados, habitamos un único planeta y, por tanto, no es esperable que vayamos a recibir ayuda externa. Pese a las perspectivas de colonización espacial, estas serán precisamente el eslabón más débil de la cadena. Esto nos hace susceptibles a un colapso.
- Hoy en día, prácticamente ningún país sería capaz de sostenerse por sí mismo sin el comercio global. La globalización ha convertido a las naciones en dependientes unas de otras; un conflicto en una pequeña región del mundo puede desembocar en una crisis planetaria y, potencialmente, en un colapso. Algunas producciones se concentran en puntos críticos: por ejemplo, el 43% del uranio del mundo se extrae de Kazajistán y la mitad de los semiconductores del mundo se fabrican en Taiwán. Esos puntos críticos no solo amenazan la estabilidad del sistema global, sino que los países especializados en determinadas actividades (turismo, minería, centros financieros…), se vuelven más vulnerables. En el mundo actual, la globalización está en entredicho lo que, potencialmente, puede ayudarnos a prevenir un colapso.
- Una de las mejores bazas que tenemos es el gran énfasis que ponemos en la tecnología y en los científicos (a veces incluso les hacemos caso). Sin embargo, no faltan quienes enarbolan posturas anticientíficas por motivos diversos (religiosos, ideológicos o interés personal).
- Es discutible si la humanidad es lo suficientemente flexible para adaptarse a los retos a asumir o, por el contrario, muestra una enorme resistencia al cambio. Como hemos visto, una motivación para obrar cambios es que los líderes sean partícipes de ellos, pero nuestros líderes raramente dan ejemplo; prefieren escudarse tras sus mansiones, palacios presidenciales, policías, jueces y jets privados, desde los que aleccionan a los demás.
- La mayor parte del planeta vive en sociedades donde las elites son extractivas. Existen serias limitaciones de derechos fundamentales como la libertad de expresión, elecciones libres, libre comercio y propiedad privada. Es más, en este siglo XXI se viene observando un retroceso de la calidad de nuestras instituciones. Las democracias están en declive; tras alcanzar su apogeo en la década de los 90, hemos visto cómo numerosos países han caído en dictaduras o han deteriorado sus sistemas democráticos. Las desigualdades intraterritoriales no paran de crecer desde la década de los 80, hasta el punto en que han reaparecido en el lenguaje palabras de otras épocas como “oligarquía”, “rentismo” o “feudalismo”. La calidad de la información que reciben los ciudadanos ha disminuido, ya sea porque ahora cualquiera puede expresar su opinión en el ágora pública, porque la gente solo busca confirmar sus propios sesgos o debido a las deliberadas campañas de desinformación. El reciente aumento global del gasto militar tampoco es un buen augurio. Como punto positivo, cabe señalar que las desigualdades interterritoriales están disminuyendo (basta observar cómo China e India han recortado distancias respecto a Occidente), lo cual hace que –por primera vez en la historia– exista un mayor interés en alcanzar soluciones conjuntas.
- Por último, el cambio climático se postula como uno de los principales problemas que deberá afrontar la humanidad en su conjunto; aunque estamos mucho mejor preparados que las civilizaciones del pasado, este cambio climático tendrá mayor entidad, tanto por su extensión (todo el planeta) como por su intensidad (varios grados centígrados).
Como vemos, hay motivos de preocupación pero también de esperanza. En definitiva, aunque existe la posibilidad de un colapso, la ciencia no puede dar una respuesta definitiva sobre si esta posibilidad de materializará o se evitará ¿Tiene la humanidad un futuro brillante y se reirá de los profetas de la fatalidad de hoy, o verán nuestros lejanos descendientes las ruinas de nuestros rascacielos y se preguntarán qué nos sucedió? Con los elementos disponibles, invito al lector a sacar sus propias conclusiones.
Con independencia de la opinión que nos merezca la posibilidad de un colapso, la mejor forma de prevenirlo pasa por no sobrepasar los límites físicos del planeta, mantener cierta autosuficiencia, hacer caso a los científicos, planificar, construir sociedades democráticas, bien informadas, pacíficas, con líderes honestos y en las que las desigualdades se reduzcan. Incluso si el colapso fuera una mera fantasía, no sería una mala receta. ¿Lo hacemos?
Un artículo de Pedro P. Enguita Sarvisé

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